¡Juicio a Feliziano!

Pompilio Monroy Perales

Las 03 horas, 03 minutos de la mañana. Doble tres en cierta clave. No menos de 03 ni más de 33, en otra. Los celulares repicaron con peculiar, insistente sonido que indicaba urgencia; tensó los cuerpos y erizó los pelos de sus receptores, como los gatos. Cada uno escuchó la voz imperativa: “¡váyase ya al sitio de costumbre!.

“¡Qué fastidio”, pensó uno. “¡Qué bolas”, dijo otro. Sin embargo, todos dejaron presurosos sus ejercicios amatorios  sin pararle a la mutua satisfacción que dejaron pendiente; solícitos se dispusieron a obedecer de inmediato.

Debidamente decorados , vestidos de KKK, con capucha y calavera, entraron sigilosamente en la cueva de análisis situacional. Sus respectivos asientos en silencio ocuparon, blandieron sus filosas espadas sin cruzarse palabras, ni siquiera una seña o saludo gestual.

Una luz incandescente, intermitente, fulmínica, cegadora iluminó el recinto. Disparados cual resorte metálico se pararon de inmediato al unísono y realizaron la merecida reverencia ritual a la Jerarquía Superior, como corresponde a hombres libres y de buenas costumbres.

Dijo la voz entonces: “nuestros servicios especiales de contrainteligentia comunitaria han reportado que un tal FELIZIANO, -aparentando ser feliz o infeliz, según convenga a sus planes-  se ha infiltrado en nuestra comuna y está metido más allá del cuello en actividades subversivas desestabilizadoras de nuestra colonia. Expertos sabuesos, veteranos investigadores, han decodificado sus palabras, frases, ideas, afirmaciones, negaciones, comparaciones, retaliaciones, reticencias, parábolas, metáforas, sinécdoques, hipérboles, metonimias, y demás armamento conque emite peligrosos mensajes subliminales al 80% de las conciencias podridas que aún subsisten en nuestro reino. Las pruebas que lo incriminan y condenan consisten en dos pasquines: Tane Tanae y Facebook, a quienes hace tiempo tenemos en la mira.”

Continuó arreciamente la imperativa voz: “Ordeno y mando al Orador Fiscal y demás ka ka maradas de la hermandad, que salgan a los pasos perdidos de los profanos, activen sus neuronas, capturen a FELIZIANO, boten y reboten con bolas blancas o con bolas negras sin perder ninguna en este paso de luna, y que lo traigan para enjuiciarlo entre columnas. Tenemos que impartir justicia al mejor estilo de nuestros alumnos,  los zoociolistos terrenales, para que se miren en ese espejo, porque ellos también se la pasan inventando vainas”.

Se deslizaron silentes, evanescentes, ingrávidos y sutiles como pompas de jabón; se esfumaron sus lumpias con fruición, y salieron a sus perdidos pasos en son de sesuda reflexión.

Una mirada relampagueante, picaresca y sarcástica, insinuando burla de la burlería, iluminó los rostros de FELIZIANO y del MILICIANO cuando salieron de la cueva de análisis situacional. Me pareció percibir una leve guiña dirigida a mí. En ese preciso instante, er niño, la niña, la iguana, el zamuro, el virus amarillo, hicieron de las suyas: se fue la luz, se fue la luz, se jue la luz.

Apagué el dividí con el cidí que ellos me enviaron, y me dispuse a dormir plácidamente, como quien no ha roto un plato con mis sátiras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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