Karina Sainz Borgo y El tercer país By Rafael Rattia

Es su segunda novela, esta vez editada por la prestigiosa editorial española Lumen (2021) en su Colección de Narrativa; la primera, La hija de la española, le dio notoriedad mundial a esta singular voz narrativa venezolana al lograr concitar la atención encomiable  de la crítica de habla hispana concediéndole elogios y dignas expresiones de recensiones en los más aristocráticos suplementos culturales y literarios de la lengua de Cervantes, al punto de granjearle la traducción a por lo menos una veintena de idiomas. Confieso, no sin vergonzoso rubor, no haber leído el fenómeno editorial en que se ha convertido La hija de la española y hago propósito de enmienda procurando un ejemplar en formato PDF para subsanar esa, para mi lamentable falencia como lector; pues, no otra pretensión me anima en mi vida profesional e intelectual.

Los lectores avisados y avezados que, menester es decirlo, no son muchos pero existen efectivamente en toda época y tiempo histórico, me darán la razón cuando una vez que lean El tercer país sabrán las razones por las cuales la crítica de habla castellana y francesa dice de Sainz Borgo, que es una de las voces narrativas más prometedoras del actual panorama novelístico contemporáneo mundial. Dueña de una prosa de una sorprendente sintaxis tejida con un léxico legatario de lo más distinguido de la novela hispanoamericana en esta segunda novela de Sainz Borgo que se escenifica en las tierras de Mezquite, topos ficcional e imaginario que bien podría ser un país contiguo a su querida y natal Venezuela, con unos personajes invencionados por la portentosa imaginación creadora de la novelista que destilan estructuras caracterológicas y psicológicas de personalidad lesionadas y lastimadas por “la otra pandemia”, la del olvido y la desmemoria. El enigmático personaje Salveiro es patente ejemplo de ello. Se trata de un personaje cuyos rasgos los hacen aparecer en las páginas de esta novela como extrañamente “introvertido”, raramente “retraído”, con la mirada perdida y los ojos como mirando hacia adentro de su fantasmagórico mundo interior; como exiliado de la realidad real le aqueja y lacera cruelmente su atormentada alma de recién aventado caminante hacia las borrosas fronteras imaginarias que dibujan El tercer país. Angustias, es otro personaje morosamente diseñado por la lenta paciencia invencionera de Sainz Borgo, que le confiere a la novela un estatuto de singular y convincente verosimilitud y veridicidad, sin restarle un ápice de ficción a este asombroso artefacto novelesco. Iginio y Salustio, dos personajes neonatos, sietemesinos, que al advenir al mundo de la vida entre ambos no llegan a pesar ni dos kilos y tan pronto nacen, en condiciones sumamente adversas, corren irrevocablemente hacia “el país de los lotógafos” o hacia el inframundo de los personajes inventados por “el igual” de la autora, Juan Rulfo. Las geografías de la sensibilidad ficcional de El tercer país son azas elocuentes; “La Sierra Oriental”, “Sangre de Cristo”, “Cucaña”; toda una topología metaforizada de la frontera aquende y allende los mares del Arauca vibrador, monedas los favores sexuales de dichas mujeres migrantes que huyen despavoridas del holocausto del “Tercer País”.

Esta novela reúne, para mí, en mi modesta opinión, dos elementos que usualmente no suelen ir juntos en las experiencias narrativas al uso; cuales son, hondura y fascinación. Lo que quiero significar con ello es que aunque resulte paradójico ya la autora de esta novela alcanzó su plena madurez narrativa como novelista dueña plena de los secretos celosamente guardados por los grandes novelistas. Los personajes que habitan este desopilante mundo ficticio de El tercer país son tan reales y convincentes porque proceden del febril mundo de la imaginación de la autora. Mujeres que apelan al penúltimo recurso de vender su cabello para comprar apenas tres kilos de arroz con qué mitigar el hambre atroz que se cierne sobre los migrantes-caminantes del país lastimado por el odio político de clases en nombre de una ideología anacrónica, trasnochada, verdaderamente vomitiva. Mujeres que pernoctan en paradas y lugares de paso de gandoleros y camioneros que van o vienen de una frontera a otra y compran por míseras monedas universales que alcanzan su plena madurez intelectual cruzado el umbral del medio siglo de edad. “Resultaba difícil saber si eran o no familia, aunque a mí la pobreza me parecía un parentesco suficiente”. Frases como esta que cito de memoria orlan cada página de esta maravillosa experiencia narrativa. Hay profusa sabiduría estética en las profundas reflexiones socioantropológicas y políticas que atraviesan las 295 páginas de esta fascinante novela sin par. El irreparable daño biopsicosocial causado a un país en nombre de su redención compulsiva no tiene antecedentes históricos en la historia de la humanidad sufriente de la especie. “No sabían leer de corrido y escribían con dificultad, pero de la vida lo sabían todo”. A diario salimos a la calle en procura de un poco de proteínas y carbohidratos para mitigar la agonía de la sobrevivencia y encontramos a legiones de famélicos chicuelos de ambos sexos hurgando desesperados entre los vertederos de basura peleándose por un trozo de desperdicio o desecho de alimento con los perros y zamuros en los basureros de la ciudad.

Niñas y niños y adolescentes que apenas rozan los 11 o 12 años y semejan espectros envejecidos. “eran jóvenes, y, aun así, su piel lucía curtida, estrujada por el hambre y el cansancio”. Un tapiz zurcido de estos pasajes que proso se encuentran magistralmente narrados por la voz y maestría novelesca de El tercer país.

En estas casi trescientas páginas de vibrante narración de largo aliento cada lector que se acerque a sus complejamente elaboradas páginas podría eventualmente verse reflejado en una suerte de refracción espejeante. También podemos, si así lo deseáramos, ubicar una “multiplicad psíquica de los personajes” (José Balza dixit).

Cuántas Visitación Salazar, por ejemplo, existirán a lo largo y ancho de esos vastos dominios que conforman las inmensurables fronteras del país de los muertos que habitan “El tercer país”. Leyendo con jubiloso placer estético estas memorables historias magistralmente hilvanadas por la potencia narrativa de Sainz Borgo percibo en mi sensibilidad de lector que me brota en la capa superficial de mi conciencia moral un secreto hilo de afinidad con la sepulturera Visitación Salazar, objeto de injustificado escarnio y denuesto por parte del cura de Mezquita.

 

 

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