Lil Rodríguez | Últimas Noticias 

Tal vez pocos sepan que el primer censo indígena se hizo en Venezuela en 1984 y que esta periodista realizó el de la etnia Warao, profesionales de alta capacidad, en la extinta OCI se las ingeniaron para demostrar que Venezuela era y sigue siendo un país privilegiado, no por el petróleo, sino porque las etnias de sus ancestros directos están vivas.

El objetivo de esta Cota es compartir la maravilla del arte nuestro a propósito de la imputación de apropiación cultural que México ha hecho a Carolina Herrera.

La artesanía está muy vinculada a la geografía en la cual se desarrolla. Los Warao viven entre (y en) el agua. Abarcan casi todos los caños y bocas del Orinoco. Pudimos observar los muebles más hermosos que jamás vimos, hechos por ellos. Siendo de agua, los Warao tienen la cestería más dura del continente. La carencia llama al complemento, y ese complemento no solo es de utilidad (artesanía) sino de una belleza única (arte) salida de las manos de quienes no conocen “la academia”.

Lo que ha pasado recientemente en México y que ha reabierto el tema de las apropiaciones culturales, del “no me da la gana seguir siendo invisibilizado”, del “No voy a negociar con la mediocridad”, sirve para que por acá nos pongamos Mosca. Vale para los creadores en Tintorero y Quíbor, como para los alfareros de Mérida, los Andes y de Oriente y para los pobladores de Aguasay y sus patrimoniales tejidos en Curagua, vale para los mágicos hacedores de chocolate y su secreto milenario, vale para la curiara de una sola pieza que en Venezuela se hace.

Vale para los instrumentos musicales autóctonos, y vale para nuestras sonoridades propias, unas cuantas, muchísimas y ¡más ricas que el oro!

Bastaría consultar con el profesor Benito Irady para hacer el inventario de lo que no podemos permitir que se apropien otros, con fines ajenos a nuestra diversidad cultural.

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