La buena alimentación y su impacto en nuestras vidas (II)

Me preocupa enormemente la salud, cuando era más joven no le prestaba mayor atención, ahora que soy lo que se dice un adulto contemporáneo, comencé a entrar en razón de cuanto significa estar saludable.

El ingrediente principal para gozar de una buena salud o de una salud de hierro, como le decían nuestros abuelos, es una buena ingesta alimentaria, en términos coloquiales, estar bien alimentados.

Son difíciles de creer los cambios que se producen en las personas que, por la razón que sea, han dejado de ingerir nutrientes en la variedad, cantidad y calidad que se necesitan.

Alguien que no se alimenta bien se convierte con rapidez en un anciano prematuro o en una persona acabada, en el sentido estricto que se le da al que se convierte en un amasijo de huesos, sin músculos, color, ánimo ni energía para vivir.

Cuantas veces me he preguntado: ¿Cuánto puede aprender un niño que va a la escuela sin comer? ¿Qué tanto puede rendir un deportista que no se alimenta correctamente? ¿Habrá algún grado de vigor sexual en alguien que pasa hambre? Las respuestas son obvias y apuntan a un pobre rendimiento.

Es imposible dar pasos en firme en la vida, si antes no introducimos suficiente “bastimento” en nuestro riego sanguíneo y masa muscular, quien se crea lo contrario está perdido.

Basta con mirar a los indigentes, ¿han observado alguno que tenga kilos de más? ¿Tendrán ánimo y fortaleza para someterse a un régimen de estudios? ¿Cuánto pueden rendir en tareas que se les pida que hagan y que impliquen algún esfuerzo físico? Las respuestas son más que obvias.

La gran pregunta sería: ¿Cómo mejorar nuestra alimentación en medio de la crisis que nos sacude? Lo primero es que no hay respuestas universales ni soluciones mágicas, y lo segundo y más importante, la mejoría de nuestras condiciones alimentarias depende en primer grado de nosotros, de nuestros esfuerzos, si nos hacemos a la idea de esperar única y exclusivamente por la llegada de la caja CLAP, iremos de mal en peor, la cajita de alimentos no es una solución a nuestras carencias, es un paliativo o complemento a lo que nosotros estamos en obligación de hacer, procurar o intentar obtener a través del trabajo sostenido, que incluye la cría de gallinas, la siembra en los materos, el aprovechamiento de nuestros patios, la pesca los fines de semana, la colaboración entre los vecinos, forjandonos una auténtica dieta donde entren los mejores alimentos que podamos ingerir.

Alimentarse bien es prudente y necesario, somos lo que comemos y si lo que comemos no es suficiente, habrá que buscar la forma de ingerir los grupos alimentarios básicos, aunque sea en mínima medida, y adquirir una disciplina que nos permita comer a tiempo, en forma organizada y puntual, para favorecer a nuestro organismo y prevenir la llegada de enfermedades.

No arruinemos nuestro futuro, ni le amarguemos la vida luego de mayores a quienes nos rodean, por el simple capricho de no cuidarnos en la niñez y juventud. La alimentación es lo primero.

Estoy Contigo.

 

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