La crisis deja bailar a deltanos solo en dos tascas en Tucupita

La otrora Tucupita, con sitios nocturnos a escasas cuadras y una vida de relax, que perseguía darle colorido y aires de urbanidad, han quedado en el recuerdo. Ahora solo se pueden ver ruinas rumberas en una ciudad  que sigue estancada porque así lo obliga la crisis venezolana.

Solo dos locales sobreviven en el centro de Tucupita, la Tasca de Héctor, propiedad de un apasionado trabajador de origen indígena y genes que vieron luz en Araguaimujo; y el otro, el Hotel Tasca Residencial, de un conocido personaje que se ha paseado por la vida política regional: Andrés Figueroa.

El primer sitio, ha amasado su fama gracias a la comodidad y el ambiente familiar, acompañado de un musical que presta para el karaoke, y el atrevimiento de quien quiera vivir sus minutos de fama.

En este lugar, se ha perdido la cuenta de cuántas veces se ha cantado “La Loba”, “Mujeres Divinas”, o cualquiera de esas melodías que «pegaron» en los 80`s y 90`s.

Mientras que  el Hotel Tasca Residencia, intenta mantener su musical, pero con clara tendencia de abrir la pista para el contoneo de la cintura. Dos conceptos que siguen dándoles color a las noches de Tucupita.

Otros locales con aires de innovación, han nacido y perecido a la sombra de algunos hechos de sangre, crisis, abandono, o simplemente un vuelco del ramo por parte de sus dueños.

Hay un tercer sitio en el malecón de Tucupita, más juvenil, más cercano a un lugar concurrido como lo es el paseo Manamo de la capital deltana, pero aún no deja de ser visto como un espacio cuestionado por lo cuestionado que resultó ser en anteriores administraciones. Sus actuales gestores se esfuerzan por cambiar ese rostro e imponer la tendencia, clase y estilo que apuntan a estar lográndolo.

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