Un palafito warao / Foto: archivo.

Nota: existen dos Sacupana en Delta Amacuro: Sacupana del cerro y Sacupana de los caños. Esta historia ocurrió en Sacupana de los caños.

La cultura warao ha sido ancestralmente espiritual. Esta característica es cuestionada por algunos no indígenas, quienes, incluso, ridiculizan lo autóctono, minimizando así la verdadera riqueza de sabiduría aún por descubrir, de pronto por su ignorancia.

José Carmelo falleció en la población indígena de Sacupana, zona selvática del estado Delta Amacuro. El luto de su esposa se extendió durante más de cinco meses, que también respiraba el núcleo familiar.

La viuda lloraba al hilar la cesta con fibra de moriche, entonaba canciones fúnebres en solitaria… la casa respiraba luto desde hacía 90 días; era como si el abuelo hubiera fallecido ayer. El dolor estaba intacto.

Él era el constructor de la canoa, constructor de las casas y los puentes, era un líder natural que ahora estaba ausente.

El mayor de sus hijos observaba el río desde la cabecera de un puente. Por esos días, el menor de los hermanos había caído en una profunda depresión que no paraba de llorar, era el consentido de papá.

En medio de su embriaguez, el menor de los hermanos cayó al agua estando solo a orillas de un caño cercano a la casa que frecuentaba el fallecido padre, solo un niño que jugaba a la pesca pudo ver lo que pasaba, y avisó a su familia quienes apenas pudieron salvarlo después de tres minutos de búsqueda, en el estrecho caño.

Este último incidente hizo tocar fondo a la entristecida familia, que ya había escuchado que en una comunidad lejana, vivía un “ser especial” capaz de hacer “bajar” a los muertos, logrando una comunicación directa con sus allegados.

“Pueden hablar, puedes escuchar la voz de él”, habían atestiguado personas que habían vivido la experiencia, y se mostraban satisfechas.

Acordaron visitar al “ser especial” porque querían escuchar, al menos, la voz del difunto y así sostener una última conversación, de pronto para resignarse.

Este encuentro se limitaba a una única comunicación al caer la tarde, en una choza apartada, muy solitaria, rodeada por una espesa vegetación.

El “ser especial” pedía cantidades considerables de alimentos y bebidas alcohólicas, que el muerto necesitaba. Era un requisito imprescindible para hacer posible la conexión con “el más allá”.

Ese día, la familia de Carmelo llevó 15 kilos de harina de trigo, 10 kilos de harina de maíz, 10 kilos de arroz, 05 litros de bebidas etílicas, más una caja de cigarro, tal como lo pidió el “ser especial”.

Como ya era habitual, la sesión de acercamiento se inició a las 6:15 pm. Luego de varios rituales se logró una supuesta comunicación, y en un momento de la sesión, el “ser especial” indicó que ya la familia del difundo podía involucrarse. Se escuchó en el fondo la voz del difundo que saludaba.

La voz venía desde un lugar con poca visibilidad, y sostuvieron una amena conversación, hasta que culminó la sesión al término  de 15 minutos, no sin antes despertar una sospecha en un familiar del difundo que era efectivo de un organismo policial en Delta Amacuro.

No le pareció la voz. El supuesto “ser especial” había pedido mucho alimento, un familiar tenía una bodega llena de insumos en el Bajo Delta, y la zona  desde donde hablaba el presunto difunto, era tan oscura que no permitía ver nada, además, solo se facilitaba a los familiares estar a 10 metros del altar.

Pasó el tiempo, pero el policía acordó con otros funcionarios investigar al entorno, el modus operandi y el destino de los alimentos.

Durante varios días realizaron una observación similar a los que hace en las películas, pero en la selva. Pronto descubrieron que había muchas huellas de pasos marcados desde el  lugar del encuentro con el fallecido, hasta otra casa ubicada a cincuenta metros.

También observaron que durante el día, los implicados en los rituales realizaban todo un protocolo para asegurar simular un altar y una aparición. Detectaron así que una persona con un talento nato para imitar voces, era el que se hacía pasar por el alma del fallecido.

El “ser especial” y  sus cómplices fueron cazados por los efectivos policiales, y detenidos en plena consecución del engaño que ya ejecutaban a otra familia.

El “ser especial”, terminó siendo un experto en estafa, la primera estafa tan bien concebida, construida, ejecutada en la selva deltaica, donde participaba una familia entera.

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