UTD: archivo.

La otrora respetable casa universitaria IUT Dr. Delfín Mendoza, hoy convertida en UTD Francisco Tamayo de Tucupita, muestra un bajón considerable de profesores, alumnos, robos continuos, cuestionamientos en la selección del recurso humano, inmoralidad colectiva, politiquería, y abandono por parte de las autoridades.

Solo el personal administrativo (232), obrero (294) y docente (569) asciende a 1095 personas que deben hacer posible el funcionamiento de la universidad.

Según el último registro oficial, la población estudiantil es de 3 mil 892 (3.892) inscritos, y la deserción universitaria es del 40%, lo que significa que 1.556 futuros profesionales abandonaron las aulas.

En esta universidad han ocurrido robos, atracos masivos a estudiantes, pérdidas de propiedades activos y pasivos jamás contabilizados oficialmente, y las políticas no responden a los objetivos que persigue el campus universitario.

Este panorama tiene una explicación, según el profesor y economista Ermilo Díaz, porque desde hace rato, se ha alejado de sus funciones y objetivos.

No existe revisión del contenido curricular de las carreras, falta de revisión del funcionamiento operativo, y la plana mayor no ha cumplido con lineamientos del Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria Ciencia y Tecnología para empalmar “la producción de conocimiento en beneficio de las grandes demandas que tiene la sociedad venezolana”, declaró Díaz.

Cuestionó la calidad del profesional que está egresando porque el contenido curricular no responde a las exigencias del país, y tampoco al momento local de los territorios geográficos donde están ubicados.

No  hay coordinación en los procedimientos de formación profesional o académico y la investigación.

Existe un desequilibrio por los ataques constante del hampa con origen interno, no hay política de seguridad, robos constante de aires acondicionados, bombillos, y otras luminarias dejan a oscura todo el área de la UTD Francisco Tamayo.

Otro factor clave, es la selección o contratación de profesores que no cumplen el perfil que exige una casa universitaria.

“Desde el punto de vista académico, desde el punto de vista docente, desde el punto de vista de los programas de investigación y extensión, que es lo que combina el acto académico con el acto de producción de conocimiento está debilitado”, generalizó Díaz para Radio Fe y Alegría Noticias.

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