La decisión de Lizeta

Lizeta tiene en sus manos decidir. Se dice que está cansada, que tras la pérdida física de un ser al que amó profundamente perdió la inspiración, sin embargo, ello no tendría que ver con el hecho de hacer valer un derecho adquirido a lo largo de una exitosa carrera electoral.

Por otra parte, es como la alumna que acudió a presentar la prueba estudiando en forma poco ortodoxa, de manera que se pensaba que podía salir reprobada y finalmente eximió la materia, con una calificación de 20.

En referencia al último proceso electoral, hizo méritos en cuatro renglones: 1) Segunda mayor diferencia porcentual del país; 2) Candidato más votado; 3) 100% de los diputados del GPP postulados electos; y 4) Una diferencia abrumadora sobre quien osó retarla, estando bajo la lupa de los representantes de una tendencia nacional interesados en promoverlo como potencial gobernador del estado, iniciativa que frenó abruptamente; esgrimiendo razones de peso que impulsan el viento a su favor.

Arribando a conclusiones: 1) Mantuvo al Delta entre los tres primeros estados con mayor dominio chavista; 2) Aportó la representación completa a la revolución; 3) Cumplió con todas las tendencias; y 4) Demostró su hegemonía al cuadriplicar a su más cercano rival, con unos nada despreciables 35 mil votos, que ubicaron al estado en el segundo lugar de participación electoral en el ámbito nacional con casi un 40% del padrón votando; redondeando las metas que de seguro se impuso antes del 6D.

Son dígitos, baremos, categorías, que a los ojos de un presidente empeñado en obtener la mayor representatividad posible a la par de un elevado índice de participación, suenan como música a los oídos.

Desde ese punto de vista, volviendo a la premisa principal, aclarando que los resultados están enmarcados en un proceso que muchos consideran ilegitimo, dentro de una corriente política en particular, la gobernadora deltana tendría todas las credenciales posibles para hacerse merecedora de la posibilidad de ser consultada sobre si desea o no continuar al frente del poder Ejecutivo estadal.

Únicamente restricciones estatutarias dentro del Psuv o decisiones al más alto nivel político-partidista, fundamentadas en la intención de remover en sentido general a todos aquellos gobernadores con más de dos periodos al frente de sus respectivos estados –algo que sucedió en el pasado- pudieran afectarla, de lo contrario, parece tener el camino despejado.

Por último, tomando en cuenta la naturaleza del presidente Maduro, quien ha demostrado ser bastante conservador en cuanto a mantener a aquellas personas de su entera confianza en cargos de elevada responsabilidad formando parte de su entorno afectivo-decisorio, sosteniendo un equipo base al que no desampara y del que no se aparta, da la impresión de que tampoco querrá cambiarla.

Por ende, no es difícil pensar que la decisión está en manos de Lizeta.

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