Foto: archivo.

Nidia vive en San Rafael. Tiene 40 años de edad, se hizo docente muy joven. En Venezuela, apenas bastaba ser bachiller para optar por un trabajo como educador en un aula de clases. Desde entonces, estudió y ahora es licenciada en educación. En la categoría salarial ministerial es, “docente IV”.

Salió de su casa en San Rafael el pasado viernes 10 de enero a esperar por el pago de su quincena, en el centro de Tucupita. Solo tenía cinco mil Bs en efectivo, de los que se deshizo pagando un auto “por puesto”. En su casa viven cinco personas, y ella es la única que, por ahora, tiene un  ingreso  monetario. Ese día ya no desayunaron porque la despensa se había agotado.

Eran las 3 pm y aún no había depósito alguno. Una amiga que había conocido en el liceo mientras estudiaban el bachillerato, le brindó una chicha en la plaza Bolívar de Tucupita. Arribaba las 4 pm, cuando finalmente ya tenían sus quincenas en sus cuentas.

Nidia obtuvo 600 mil Bs de quincena. Inmediatamente, intercambió dinero en efectivo por un producto que adquirió por punto de venta, con su amiga, que sí tenía algo de billetes en físico.

De los 600 mil, le restaban 550 mil Bs. Con esa cantidad de dinero compró, un pollo valorado en 200 mil Bs, dos harinas de 80 mil Bs cada una, un kilo de azúcar en  60 mil Bs y un litro de aceite en 130 mil Bs. Solo le quedó 50 mil Bs en efectivo, de los cuales tendrá que pagar cinco mil Bs en un por puesto para regresar a casa.

Esta cantidad de comida le durará dos días.  Nidia ahora espera la otra quincena, aunque ahora busca otro trabajo, uno que le alcance para estar más cómoda y le permita vivir dignamente.

Suena su teléfono y vuelve a ser el llamado amenazante de su directora; quiere que se incorpore al trabajo. Nidia aún lo piensa. De hacerlo, lo haría por ética, por humanidad, por sus alumnos, asegura.

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