La forja de la palabra poética

Rafael Rattia

El poeta vive con el oído prácticamente pegado al murmullo del habla
popular   pero sin dejar de investigar y estudiar la lengua materna,
la lengua en la que nace y desenvuelve su quehacer verbal. El creador
de mundos por la palabra
vive atento a las insinuaciones y sinuosidades socio-sìgnicas con las
que la sociedad que le cobija y se expresa. Por más coloquial que sea
el habla popular o precisamente por ello mismo, el poeta siempre hará
tarea de demiurgia verbal, pues no sólo es por antonomasia el custodio
y celoso guardián de la lengua o desde las lenguas con la(s) cuál(es)
nombra y designa lo real dado constituido, la empiricidad de lo
recibido por los sentidos. Mediante la forja paciente de un singular
universo expresivo el poeta va fraguando su personal timbre elocutivo.
Toda razón metafórica se apoya en un andamiaje simbólico, en unos
determinados moldes socio-sìgnicos que le otorgan a la imagen verbal
un determinado timbre elocutivo. No sólo es la singularidad temática,
es también la especificidad formal que concurre en un determinado
artefacto verbo-lingüístico que se distingue de otros materiales
verbales que forman e informan el tejido discursivo del mundo.
Reparemos por ejemplo en el complejo universo lingüístico  de la prosa
poética de José Antonio Ramos Sucre. De los poetas de su generación
unicamente él es quien opta por la creación de un abigarrado tapiz
discursivo semantològico legatario de la  cultura medieval europea
pero no para “nacionalizar” los motivos y temas de su alucinado
lirismo sino, antes bien, para elevar a rango de abstracto
universalismo cultural sus tematizaciones oniromànticas. Las huellas
mnèmicas de un bardo se advierten en la reiterada concurrencia de
pluritemàticas identidades objetuales de su programa poético. La
poesía mística y sus corolarios no puede inteligirse sin la presencia
omnisciente de Dios, la mujer es, desde los albores de los cantos
eróticos de las más antiguas civilizaciones un tema insoslayable de
obligada referencia lírica en todo programa poético. Ninguna lengua
poética puede explicitarse al margen de una implícita o explícita,
según sea el caso, referencialidad ética. En este sentido puede
existir, y de hecho existe a lo largo de la historia universal de la
poesía, una poesía amoral e incluso inmoral pero jamás una poesía
puede prescindir de un substrato ontológico y axiomático valorativo.
Inclusive, las más emblemáticas fábulas reivindican un substrato
pedagógico que se evidencia en su insoslayable moraleja
inevitablemente ética.

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