Se trata de Tony, mejor conocido como el “Loco” Tony, un personaje popular para los deltanos.

Hijo de una humilde mujer deltana, dedicada a lavar y planchar ropa para levantar a su familia. Una dama que procreó seis hijos, tres hembras y tres varones, todos levantados a pulso con sus humildes y hermosas manos de fina lavandera.

La casa hogareña está ubicada en una de las esquinas de calle la Planta, diagonal a las Guas Guas. Es la más sencilla de todas las viviendas del entorno.

Tony y sus hermanos varones confrontaron problemas con la justicia, los tres estuvieron presos largo tiempo en las peores cárceles del país, los tres sobrevivieron. El propio Tony estando tras las rejas padeció diversas heridas que pudieron haberle ocasionado la muerte, sin embargo vivió para contarlo y transita apaciblemente por la etapa final de su existencia.

Hoy en día padece los rigores de una vida tan dura, sus facultades ya no son las mismas, a ello contribuyen la edad y una existencia llena de privaciones.

Estos últimos días vivió sus quince minutos de fama, oficialistas y opositores jalonaron su figura intentando poner en su boca palabras que no dijo, actitudes que no tuvo, señalamientos que no hizo, Tony sencillamente se dejó arrastrar por la marea limitado por su discapacidad creciente, haciendo alarde de la valentía que lo ha caracterizado siempre.

Para el “Loco” Tony ponérsele al frente a un tanque no fue nada, exhibir su pecho ante un rustico de esas dimensiones no significó mayor problema, mucho antes en la Pica y el Dorado, entre otras severas penitenciarias, le hizo frente a balas, puñales, picos de botella, punzones y preservó su integridad, retornando una y otra vez a su Delta querido.

Ni Tony podía hacerle nada al tanque, ni el tanque iba a pasarle por encima, los militares no hallaban que hacer con él y la poblada andaba ocupada en lo suyo sin preocuparse por Tony; por suerte la cosa no llegó a mayores y nuestro querido “Loco” atravesó victorioso una batalla más, una de las pocas de esa magnitud que habrán de quedarle.

Para Tony fue un divertimento, parte de la zona de riesgo en que ha estado siempre, un episodio más de su difícil y atrevida existencia; para nosotros, quienes le conocemos de cerca, fue una curiosa escena que gracias a Dios no pasó a mayores, un trance existencial que dio pie a una imagen merecedora de un galardón, un premio a la gallardía de Tony, cuyo transito por este mundo ha estado cargado de experiencias más emocionantes, que sin embargo nunca vieron la luz pública y fueron infinitamente más peligrosas que esta.

Un reconocimiento al fotógrafo, se la comió, aunque la historia no haya sido lo que parezca.

 

 

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