La fuerza de los sueños

Por Francisco Pérez.

«En el principio era el Verbo”, nos dicen las sagradas escrituras, “y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”, continúan, en clara referencia a que antes de la Creación, el mundo estuvo en el pensamiento del Señor. Dios nos pensó y luego nos creo.

A toda acción la antecede el pensamiento, es necesario imaginar, vislumbrar, visualizar, concebir, dibujar en la mente aquello que deseamos hacer. Para el filósofo griego Platón, la verdad residía en el mundo de las ideas.

Nuestro país está huérfano de ideas, de buenas ideas, y también de buenas acciones, las unas detrás de las otras, en lógica secuencia.

La crisis nos ha puesto de rodillas y no hayamos como levantar la cerviz. Estamos imbuidos en la parálisis y en la sequia de iniciativas fundamentadas en nuevas y reveladoras ideas, optando por opciones radicales como irnos del país.

Empresarios, gobernantes, líderes sindicales, guías religiosos, se ubican según sea su tendencia a uno u otro lado de la ecuación, o bien comulgan con el gobierno, o bien con la oposición, y prescinden de sus propias ocurrencias.

Venezuela necesita de toda nuestra creatividad para salir adelante. Al país le urge una buena dosis de planteamientos reveladores e innovadores, que lo lleven a salir del túnel oscuro en que se encuentra y pueda ver por fin la luz.

No me refiero a grandes y pomposos inventos, pienso en la sencillez de la vida cotidiana, en el hogar como punto de partida de un conjunto de iniciativas que puedan traducirse en mejoras para las familias deltanas.

Imagino por un momento que desempolvamos aquellos proyectos que alguna vez imaginamos desarrollar y que dejamos reposar en el rincón del olvido debido a la bonanza de la economía y al confort en el que vivíamos.

Visualizo la carretera nacional o troncal 15 llena de dulces criollos a las puertas de las casas, elaborados con frutos que han de recogerse en los amplios fondos que se extienden hasta la ribera del rio.

O las viejas botiquerías, ahora preñadas de modernismo, repletas de remedios naturales en frasquitos de esencias extraídas del monte que nos rodea por doquier.

Pienso en los canoeros a orillas del paseo con lanchitas finamente decoradas llevándonos a recorrer el rio en paseos plenos de romanticismo.

Me proyecto entrando a un negocito de carretera, sediento luego de un largo recorrido en vehículo, pidiéndole a la tendera un exquisito helado del moriche que se esparce caño adentro.

Sueño despierto regodeándome luego de haber tomado una riquísima chicha de ocumo en un centro comercial cualquiera de alguna de las grandes ciudades del país.

Y en ese ir y venir de ensueño me digo a mi mismo que sí podemos y que debemos pensar con diligencia y obrar con rapidez, antes de que se esfume la musa de la imaginación y sigamos rodando cuesta abajo arropados por la crisis.

Sueño dormido y sueño despierto que vamos emergiendo fortalecidos de la dura situación en que vivimos gracias a las ideas que el Creador va poniendo en nuestras mentes y corazones como complemento de los bienes que pródigamente esparció a lo largo y ancho de nuestra tierra.

Sueño y sé que si lo sueño, es posible.

 

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