Niños waraos corretean por las calles de Tucupita y a veces reciben ayudas en algunos locales, como el que se ve en la gráfica / Tanetanae.com.

Habitantes del sector Paloma de Tucupita han asegurado que una gran cantidad de waraos  están arribando a ese sector, tras migrar de sus comunidades de origen,  producto de la crisis.

Al llegar a Tucupita,  los niños waraos dejan atrás las escuelas,  abandonando así sus  estudios. Esta realidad ahora genera un nuevo problema en los sectores de la capital deltana a donde arriban: unos ya roban, otros se han sumido en la droga y el alcohol, según advierten sus propios vecinos.

Muchos de estos niños indígenas, cuyas edades apenas oscilan entre los 11 a 14 años de edad,  estarían sumidos en vicios: cigarrillos, alcohol y otros tipos de drogas.

Según la fuente, sus representantes no les dirían  nada, porque estos hijos les otorgarían  el dinero que necesitan para comprar algo de comida,  a cambio  de dejarlos libres.

Se trata de un complejo problema que ocupa varios vértices, si se le mira desde el punto de vista cultural, antropológico, o como un todo, producto de la severa crisis generalizada que vive el país petrolero.

Varios no indígenas han  cuestionado  y generalizado  el accionar del warao, estigmatizando así a este pueblo originario, no obstante, así como en  otras sociedades, no todos sus grupos forman parte de las consecuencias directas de un flagelo, hasta ahora no abordado con inteligencia por parte de las mismas autoridades aborígenes de Venezuela y el Delta.

En ocasiones, apenas se ve al warao que va a la ciudad, como un simple estorbo, como se logra escuchar en los espacios públicos de Tucupita.

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