Afueras del mercado municipal de Tucupita / Tanetanae.com.

Rozan con señoras cuyos brazos sujetan dos bolsas: por un lado cargan sardinas frescas y por otro, yuca. Siguen caminando tomados de manos y se introducen en una zapatería. Preguntan por si aceptan dólares y acceden a comprar tres pares de calzados. Otras personas apenas consultan por lo más barato y al oír la respuesta, se largan.

En el centro de Tucupita existe una pequeña parte de gente, que no sabe lo que es  crisis. Son quienes aguardan sentados en restaurantes mientras les sirven el más suculento- y estrambótico- plato de comida, pero previamente ya han solicitado una cerveza Polar de lata. Al final del banquete, no vacilan en otorgar 100 dólares y se marchan.

Pero también existen los que, al entrar a una tienda  de ropas, en el centro de Tucupita, no preguntan por precios, simplemente piden probarse las prendas y se marchan tras haber  pagado en dólares.

Un chico entra en una tienda de ropas, se prueba tres pantalones de 35 dólares cada uno, se mide un par de camisas que cuesta 25 dólares, los paga y se va.

“Es extraño cuando llegan esos clientes, no llegan todos los días, pero amén que compran. La mayoría preguntan y se van”, dice un vendedor de ropas  del centro de Tucupita, el sábado (5.10.19) en la mañana.

En el centro de Tucupita, un plato de comida arriba a los 300 mil Bs. Se trata del menú más  barato. “No todos comen aquí”, asegura un trabajador de un reconocido restaurante de la pequeña de la localidad. Se trata de un submundo, dentro de un mundo, donde la mayoría apenas tiene para comer dos, a quizás una sola vez al día.

En una charcutería, un hombre se ha llevado esta mañana cinco pollos, cinco kilos de carne, aliños, dos cartones de huevos y se ha montado posteriormente en su camioneta Hilux en buen estado. Él también  ha pagado en dólares, mientras el dueño del local, del centro de Tucupita ha tomado con cautela y nervios aquellos billetes verdes.

Apenas me habré tomado media hora por el centro de Tucupita, para darme cuenta de esta otra pequeña parte, donde entre el bullicio de la gente preguntando por lo más barato, otros lo toman todo y se marchan. Rostros sudados, pieles oscuras y resecas escarban entre los productos más accesibles. Son las 10 de la mañana del sábado, debo regresar a Tanetanae.com para retomar mi jornada.

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