Casa en la que ingresaron los tres antisociales a perpetrar el robo

Por Francisco Pérez

La siguiente nota se originó en una denuncia policial y en el temor de una familia que no quiso ventilar públicamente la situación. Huelga decir que no he sido autorizado para escribirla.

El pasado sábado tres jóvenes se introdujeron en horas de la mañana en una humilde vivienda ubicada en el barrio de Paloma, en las cercanías del Hotel El Pinar.

La propietaria se encontraba en la ciudad capital sometida a rigurosos exámenes médicos debido a una difícil enfermedad que confronta.

A cargo de la casa quedaron tres jovencitas una de 12, otra de 15 y una de 17 años, esta última con serias dificultades de aprendizaje.

A esa vivienda ingresaron por una ventana ubicada en la parte posterior un adolescente y dos jóvenes de 18 y 19 años, que ataron y amordazaron a las muchachas.

Por ventura para ellas se estacionó un vehículo en el frente cuya presencia atemorizó a los antisociales huyendo del sitio. En su testimonio las victimas afirmaron reconocer plenamente a uno de los muchachos por haber frecuentado la vivienda con anterioridad.

Los tres salieron del fondo de una casa vecina a la calle a toda carrera, siendo observados por varios testigos presenciales que los siguieron con la vista y dieron señas sobre su paradero.

Ingresando a una invasión ubicada en las cercanías de la enorme antena portadora de cables de energía eléctrica de alta tensión, fueron capturados momentos después por funcionarios de la POMU.

El caso fue remitido a la Fiscalía pertinente y he aquí que el domingo, en un punto de control ubicado al frente de la sede de la POMU en la carretera nacional, fueron vistos tan campantes en un por puesto.

Los funcionarios que los aprehendieron los reconocieron de inmediato dejándose llevar por una profunda frustración.

Extraoficialmente se pudo conocer que fueron dejados en libertad tras imponerles un régimen de presentación.

En las dependencias de la POMU quedaron las graficas del desorden que generaron, la cabuya con que ataron a las víctimas, las sabanas con que las amordazaron, y en la humilde vivienda un ambiente enrarecido que las hacer saltar al menor ruido.

Y una sensación de tristeza y decepción sobre la efectividad de nuestra justicia que nadie les quita. Nadie.

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