Ilustración de Tanetanae.com.

María López, es una educadora que desempeña su labor en un liceo de Tucupita. Ella es madre de tres hijos, y para intentar disminuir las carencias de su hogar,  debe olvidar los “lujos” de los que, en otrora, disfrutaba.

De acuerdo con la docente, todos los días desde muy temprano en la mañana, antes de emprender el recorrido diario hasta su lugar de trabajo, suele dejar “todo listo”: un desayuno y la merienda para sus hijos, son  los únicos alimentos para sus hijos.

“Dejo todo listo, les preparo la merienda de la escuela a mis hijos ya que no me alcanza el dinero para darles (dinero) y que coman allá”, dijo la profesora.

Admitió además, tener que caminar más de media hora todos los días para trasladarse al plantel educativo donde ejerce su profesión, de manera que así “estira la plata” que su esposo también aporta para el hogar. No los gasta en pasaje alguno.

María López reveló que el salario que percibe como educadora solo dura una semana, porque los retira en efectivo de su entidad bancaria, es así como alcanza a comprar comida barata con los billetes.

“Tengo que estirar la plata, lo poco que uno consigue de dinero en efectivo es para comprar sardinas y guaraguara, que es lo más económico que hay en el mercado”, declaró la docente.

Hasta el lunes 6 de mayo, el kilo de sardina y la guaraguara tenía un valor monetario de 1500 bolívares, en el mercado municipal de Tucupita. Mientras que el kilo de carne, superaba los 20 mil bolívares por punto de venta.

Como María López hay más en las calles de Tucupita, sobreviviendo junto a los suyos, pagando el precio de una crisis que recrudeció hace seis años en Venezuela.

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