Hospital de Tucupita | Foto: archivo.

Las vulnerabilidades que viven a diario los pacientes en el centro de salud de Tucupita, se hacen cada vez más notorias. Tal es el caso de Francisco Arteaga, quien ha tenido que experimentar en carne propia el sufrimiento que le causa el ver a su hija en una camilla y sin obtener resultados de mejoría.

Francisco Arteaga es indígena de la etnia warao residenciado en la comunidad Los Pinos, una localidad que está al sur de Tucupita. Eran pocas las ocasiones en las que el señor salía de su casa para trasladarse hasta el centro de la capital deltana, pero tuvo que hacerlo el pasado domingo 7 de julio, cuando vio a su hija de 12 años enfermarse.

Francisco, con bajos recursos monetarios,  decidió llevar a su pequeña al principal centro de salud de Tucupita. De pronto habría sido la mejor alternativa que pudo haber tomado.

Ya estando en el hospital, el sufrimiento recrudecería.

El idioma materno (warao) de Francisco, le impedía tener una buena comunicación con el personal médico. No le entendían. Por suerte, en ese centro médico labora un grupo también de indígenas y pudieron atenderlo pronto, cuenta el afectado.

Finalmente la niña pudo ser internada, pero todavía no fue diagnosticada, porque el hospital carece de insumos para practicar  los exámenes médicos.

  • Me dijeron que tenía que mandarle a hacer varios exámenes en los laboratorios privados, porque aquí no hay para hacer eso. Ellos todavía no saben lo que tiene mi hija, mientras tanto, me mandaron a comprar unos medicamentos pero tampoco tengo dinero.

Francisco ha tenido que dormir varias noches en los pasillos y con el estómago vacío porque allí, la comida que administra el hospital solo es repartida una vez al día.

  • Pasamos todo el día allí, nos dan comida una vez al día y no tenemos dinero para irnos y regresarnos porque vivimos lejos. En las noches, mi esposa acompaña a la niña, mientras que yo me quedo afuera porque solo es permitido un familiar dentro de la habitación.

Hasta la presente fecha (12 de julio), la única novedad que ha recibido la familia Arteaga es que, van a trasladar a su hija a Maturín, estado Monagas para hacerle los exámenes, pero tienen que aguardar a que se desocupe la única ambulancia con  la que cuenta el estado Delta Amacuro.

  • Es un viacrucis lo que vivimos aquí, aquí no hay nada. Qué impotencia, lamentó Francisco Arteaga.
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