“El cuerpo humano es el carruaje;

El Yo, el hombre que lo conduce;

El pensamiento son las riendas;

Y los sentimientos son los caballos.”

Platón.

Roger Rondón vino, cual Platón, a imponer la fuerza de las ideas en el Delta.

Como quien destranca un juego, dio el argumento necesario a la gobernadora, la alcaldesa de Tucupita, la cámara municipal y la cámara de comercio, para salir del atolladero en que estaban metidos.

Con énfasis en la preponderancia de la Constitución y en la magnanimidad de las leyes, que siguen un orden lógico y obedecen a una estructura jerárquica, sin admitir contraposiciones, permutaciones o subversiones forzadas de las normas, arrojó la tabla de salvación a un mar infectado de tiburones.

A Roger cada vez se le ve menos, es cierto, sin embargo, no deja de influir en los destinos de nuestro estado. Luego de reponerse de un severo problema de salud, volvió a la grande, con una intervención puntillosa que marcó un punto de inflexión en la evolución de la disputa.

El resto lo hizo el momento político, con un paro de profesores por delante, y la crisis económica que no da respiro ni tregua, la mandataria regional no quiso más complicaciones y conminó al ejecutivo y legislativo municipales a darle una vuelta de tuerca al asunto, maquillar el tabulador y salir lo mejor parados posible.

La distribución de culpas, responsabilidades y cargas, quedará como consuelo a los que dieron su brazo a torcer y se vieron obligados, irremisiblemente, a bajar la guardia.

Por último, todos decidieron callar, nadie se atribuyó victoria alguna y el asunto quedó zanjado hasta otra oportunidad en la que la forma de proceder debe ser distinta, so pena de reincidir en lo mismo.

Fin de la historia.

 

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