Ni un toque de queda habría producido un efecto tan grande y severo. Parecen las noches de un “pueblo fantasma” del viejo oeste.

La Sultana del Manamo está, literalmente desolada. La “cuarentena social”, termino inédito en nuestra historia reciente como país y ciudad, confinó a la gente en sus casas.

Ni los duendes se asoman. Menos las personas. Uno que otro carro, casi siempre de los órganos de seguridad, rasga la noche con su luz de vez en cuando, el resto del tiempo permanece vacía.

Entre los gruñidos de las autoridades y el temor a una pandemia que ha resultado difícil de contener en naciones con un nivel sanitario más elevado, se nos metió el miedo en el cuerpo.

Por fortuna, el supuesto epicentro del virus ya lo controló, lo cual da muchas esperanzas de que nosotros lo hagamos rápido. Mal que bien, China es uno de nuestros principales aliados, financiero y comercial, lo que nos hace objeto de su forzoso apoyo. Con su asesoría, los resultados podrían optimizarse.

Lástima que por permanecer en casa, muy pocos puedan verla, sin embargo, estas imágenes ilustran la Tucupita desolada que jamás vimos, ni volveremos a ver.

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