La última clase

Luis Eduardo Martínez Hidalgo

Como lo he hecho en una década, preparo la última clase que como Rector impartiré, en días, a los estudiantes que culminan sus carreras en UNITEC. A la par escribo el discurso que pronunciaré en ocho actos de graduación que celebraremos la segunda semana de diciembre y en las cuales investiré a poco más de seiscientos nuevos profesionales. La última clase será por Zoom y los actos de graduación bajo estrictas medidas de bioseguridad y distanciamiento social de cara a la realidad presente.

El Coronavirus marcó el 2020 y si bien pareciera que en breve la vacuna -las para ser exacto-comenzará a colocarse nadie duda que el mañana será distinto, que no hay regreso al pasado reciente: la nueva normalidad como han definido expertos.

¿Qué decirle a estos muchachos que conquistan un sueño en circunstancias tan difíciles en el mundo y también en Venezuela? ¿De qué hablarles?

Debo ser franco con ellos y presentarles una realidad, que por demás muchos ya conocen: que egresan en un tiempo de grandes complejidades para la humanidad pero precisaré que no el más complejo. Pandemias ha habido antes, catástrofes económicas también, conflagraciones mundiales incluso, que han cobrado millones de muertes pero tras las cuales el hombre no solo ha sobrevivido sino que ha alcanzado niveles superiores de existencia.

Quedará atrás el Covid-19 y tocará reconstruir la economía que en el caso venezolano va más allá porque todos debemos ser parte del renacer de nuestro país en paz y en procura del bienestar común.

Viene una nueva era en las cuales cada uno de ellos, jóvenes talentosos y bien formados, tiene el deber de convertirse en coprotagonistas de los cambios necesarios. El reto es alcanzar un mundo y una Venezuela mejor posible si nos empeñamos.

En lo que a lo personal se refiere enfatizaré en lo importante que continúen aprendiendo, que la formación permanente y la actualización de conocimientos –que se hacen obsoletos a velocidad de vértigo- son claves para el éxito, que deben ser flexibles para desenvolverse en escenarios de permanente transformación. En lo urgente de mejorar sus competencias tecnológicas y digitales: inteligencia artificial, robótica, bigdata, fabricación por adición, son realidades que condicionarán el mañana mediato como antes lo hizo el avión, o la electricidad, o la rueda, o el fuego.

Abogaré porque sean disciplinados, organizados, responsables e igual creativos. Que desechen los atavismos locales y miren al mundo, que su visión sea global, aspiren en grande y trabajen duro para lograrlo.

Les hablaré del fracaso que puede tocarlos y que no tengan miedo de él. Que es mil veces preferible equivocarse haciendo que no hacer. Que solo atiendan a su conciencia e ignoren cualquier ruido alrededor cuanto estén convencidos que siguen la senda correcta.

Pediré que aprovechen cada minuto que tienen por delante en el disfrute de sus familias y amigos que nada tan importante.

“Cierran una etapa de sus vida” les diré y en lo que viene recordaré a Seneca: “Como un cuento, así es la vida. Lo que importa no es qué tan larga es, sino qué tan buena es”.

Buena vida, les desearé.

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