Continuamos exterminando nuestra fauna

Los últimos días hemos recibido dos noticias que nos han llenado de tristeza, la muerte de una tigra a manos de cazadores furtivos en la zona boscosa de los Cocos, y el descubrimiento de un bebe de manatí arponeado y aun con vida en Guacajara, ambos animales pertenecientes a especies en estado de extinción.

De la tigra mariposa, subrama del puma americano presente en nuestras tierras, se calcula que existen menos de 2.000 ejemplares, considerándose en grave riesgo de desaparecer.

En el caso del manatí, ya habían comido a la madre y herido a la cría, información que llegó a las autoridades ambientales, que lo rescataron trasladándolo al parque zoológico larense Bararida, el único especializado en la atención y reproducción de esa especie en nuestro país.

Según el Libro Rojo de la fauna venezolana, el manatí enfrenta numerosas amenazas, entre ellas “se ha señalado su muerte en redes de pesca, colisiones con embarcaciones a motor, la alteración de su hábitat para la construcción de diques y represas, el drenado de humedales, la deforestación de bosques de mangle y la contaminación”, acotando que la más peligrosa continua siendo el hombre y su instinto depredador.

A pesar del rigor de las leyes de preservación de la fauna silvestre, que incluyen elevadas multas pecuniarias e incluso la cárcel no parecemos escarmentar, continuamos destruyendo el hábitat que nos rodea y acabando con la biodiversidad.

Nunca supimos que sanción se estableció en el caso de los sujetos que dieron muerte con sumo cuidado y precaución a la tigra, preservando integra su piel, con la más que probable intención de negociarla, ni el castigo que haya podido darse a quienes hirieron al manatí.

Contamos con uno de los estados más ricos en biodiversidad del planeta, condición que nos faculta para ejercer actividades económicas que estén en armonía con la naturaleza. Nuestro escaso desarrollo industrial nos ha premiado con un tesoro invaluable, que en la mayor parte de los países del mundo puede darse por perdido.

Una nación cercana, Costa Rica, ingresa un tercio del presupuesto petrolero de Venezuela, por vía del turismo de selva, algo similar a lo que podríamos hacer en el Delta recorriendo en forma organizada los Caños.

Poseemos una cultura aborigen y una estupenda artesanía, y aun existe la posibilidad de encontrarse con tigras cerca del centro de la ciudad. No queremos ni imaginar las sorpresas que nos llevaríamos incursionando en nuestras áreas boscosas.

Definitivamente, no sabemos lo que tenemos.

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