Rafael Rattia | septiembre 5, 2019

Obviamente, una universidad que calla cuando debe hablar no merece llevar ese nombre. Una institución que hace mutis ante un gobierno totalitario es indigna de llevar con decoro el nombre de casa mayor del conocimiento. Las escuelas y facultades de Derecho de las universidades venezolanas no han dicho ni pío sobre la aberrante decisión del TSJ al “regular” el tiempo que debe emplear cada diputado en sus intervenciones en la Asamblea Nacional, es un evidente golpe de Estado antijurídico del llamado Poder Judicial al Poder Legislativo.

A todo evento, la bota militar social-fascista bolivariana, aunque suene aparentemente paradójico, cada día le cierra más el paso a la coexistencia pacífica y civilizada de los poderes públicos reconocidos en el espíritu de la ley y en la letra de la ley misma que consagra de jure la actualmente vituperada y mancillada carta magna venezolana.

Si la universidad continúa guardando su vergonzante silencio ante las tropelías del poder instituido derivado del poder constituyente originario, mejor sería que la institución universitaria cerrara sus puertas y se dedicara a otros menesteres; como vender sardinas y verduras en sus pasillos, por ejemplo. Le quedaría mejor y, en consecuencia sería más coherente con su actual estatus genuflexo.

La dictadura ha realizado las más insospechadas estratagemas políticas para asfixiar y cercar presupuestariamente a las casas de estudios superiores pero bien es sabido por la comunidad universitaria venezolana que los gremios docentes, obreros y de empleados de dichas casas de estudio se han apoltronado ante los zarpazos fieros del régimen militar.

Posterior al paro petrolero del 2002 y con los planes estratégicos de la “revolución socialista” de ir por los espacios educativos de educación superior; unido a esto, el cada vez más acentuado proceso de deterioro de la calidad de vida del venezolano, que a su vez trajo consigo un indetenible proceso de decapitalización del recurso humano y tecnocientífico que garantizaba el normal funcionamiento de la universidad en materia de investigación, posgrado, extensión académica y demás actividades propias de su naturaleza formativa de mano de obra altamente capacitada y profesionalizada para el desarrollo integral del país.

En este contexto de sistemático asedio por controlar políticamente a la Academia para postrarla y someterla a los fines y propósitos del Plan de la Patria es que urge, impostergablemente, plantarle cara de frente y sin ambages a las pretensiones de control político e institucional para convertir a la universidad en un apéndice borreguil de la estatocracia bolivariana. Vencer la pusilanimidad y la timoratez en la lucha por el respeto y preservación del valor sustantivo de su esencia como lo es la “autonomía universitaria”.

https://www.elnacional.com/opinion/la-universidad-de-rodillas/

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