Prof. MSc. José Daniel Fuentes

Para muchos esta historia les resultará difícil de asimilar, algunos, harán memoria y recordaran haberla escuchado en alguna conversación de una tarde de compartir, y para otros como yo, simplemente nos sorprenderá, ya que NO CONOCÍAMOS este dato histórico regional. Indudablemente es una historia que hoy rememoro, por dos razones temporales obligatorias: la primera, la triste desaparición física de Fray Julio Lavandero Pérez (+) y el segundo, el destino de esta reliquia que pasó más de 44 años, en resguardo y protección de uno de sus protagonistas principales, el señor Vicente Gómez.

Tiempo atrás, llega a los oídos del Fray Julio, el tema de la lápida antigua, lo cual por ser un hombre estudioso y curioso de nuestra historia, le dio por “indagar los detalles de la aparición de dicho elemento misterioso” por lo que acude a oír el testimonio del Señor Vicente Gómez.

La reseña, es de vieja data e incluso el ya citado Fray Julio, en su obra: Orinoco-Oriñón: los Dorados, del año 2007, hace un capítulo especial y completo sobre este tema, y es desde su escrito que me apoyaré, para brindar todos los detalles posibles de este extraño, pero increíble descubrimiento, UNA LÁPIDA, encontrada en Tucupita, fechada en 1842, ¡si así como lo leen!, y usted se preguntará, ¿cómo es eso sí la fecha de fundación oficial es en 1848?, seis años antes.

Bueno seguimos y tomaremos el extracto del libro citado, donde el Fray Julio explica:

“Vicente me recibe en su negocio, apacible y sonriente, con cara de haberme esperado por mucho tiempo. Enseguida me lleva al patio interior donde puedo ver la pesada placa, (por su grosor) parada y arrimada a la pared, de color BLANCO teñido de un marrón suave, signo de haber  estado muchos años enterrada. Presenta las siguientes medidas: 91,5 cm., de alto, por 68,5 de ancho y 6 cm., de espesor” “¡Como para desafiar a los siglos!”.

Indudablemente investigador como era, le realiza la pregunta sobre su aparición y el señor Vicente Gómez, le responde: “por  los años setenta del siglo pasado (s. XX) mi padre, conocido popularmente como Juanchito Gómez. Decidió mudarse de la esquina de la Plaza Bolívar dada la estrechez de aquel espacio que no permitía la ampliación de los talleres tipográficos. Y compra una casa de mampostería, sita a poca distancia en esta misma Calle Dalla Costa, Nro. 30, perteneciente a JUAN BOADA, que es donde estamos ahora.  Entrados en posesión de la casa, hacia los meses de junio o julio de 1976, nos avocamos a su remodelación con el fin de preparar los espacios para los talleres de la tipografía. La casa poseía un patio interior presidido por una gran mata de mango. La derramamos, removemos el tronco y comenzamos a “covar” para sacar las raíces. PROFUNDIZANDO en esta operación, nos encontramos con un objeto duro que nos extraño. Separando y extrayendo más y más tierra, APARECIÓ LA LÁPIDA que ahora contemplas. Nuestra sorpresa y alegría fue grande al estarse debatiendo aún entonces la fecha que el epitafio letra a letra presenta así con su ESPECIAL ORTOGRAFÍA Y CONSTRUCCIÓN GRAMATICAL”:

YASEN AQUI

LOS RESTOS DE

VICTOR FRANCISCO

RODRIGUEZ

QUE FUE EL MAS BUEN HIJO

Y MEJOR HERMANO

1842

SSS

BUENO VICENTE, ¿Y USTED NO DIO, CUENTA DE ESTE HALLAZGO A LAS AUTORIDADES COMPETENTES?

“Naturalmente. Hacía apenas dos años que el gobernador Rafael Figuera había firmado un Decreto por el cual se declara sin lugar a dudas (!) quiénes fueron los “fundadores” de Tucupita, al mismo tiempo que determinaba como la fecha de la fundación el 31 de julio de 1848, seis años después de la fecha señalada por esta lápida.

Más ella nos está testificando verídicamente el enterramiento de un familiar de gente que – hay que presumir – previamente residía allí. Por lo tanto, debemos suponer como cierto que estas riberas del Manamo y del Tucupita ya estaban habitadas con antelación a 1848. Pero en aquellos días había mucha efervescencia e intereses familiares que pugnaban por llevarse literalmente la gloria de la llamada fundación de Tucupita, a su propio conuco.”

Siendo el Fray Julio un hombre estudioso, de convicciones y crítico, no tardo para manifestar sus pensamientos a través de la pluma, como en tantos otros libros lo ha hecho, por lo cual indica: “Con la aparición de la lápida, se añadía un elemento más a la polémica. La comisión encargada del asunto dio más crédito a los documentos escritos, presuntamente auténticos, que a la pétrea evidencia de una lapida funeraria sin dolientes; aunque con una fecha grabada a cincel por los siglos de los siglos en piedra. Contra esta evidencia muda pero clamorosa, no hay documentos que valgan, sobre todo los que se fundamentan en consejas y tradiciones interesadas, por muy bien que reposen en bibliotecas y archivos”.

Ahora bien para que el lector entienda las apreciaciones y el momentum de este episodio histórico, no tomado en cuenta. Es bueno indicar lo siguiente: Para la época del 70, existían, como lo explica Cruz José Marín, en su libro Territorio Federal Delta Amacuro, muchas versiones de la fundación de Tucupita: una de  ellas confiere el honor a Pedro Moreno , otros dicen que el fundador fue Juan Millán y había quienes hablaban de poblamiento y no fundación, es por ello que:

El ejecutivo regional promovió el concurso “FUNDACIÓN DE TUCUPITA” por decreto nro. 72 de fecha 13 de septiembre de 1973, para determinar la fecha de fundación y nombres de los fundadores de la mencionada ciudad. A dicho concurso fueron enviados 7 TRABAJOS cuyas revisión estuvo a cargo de un jurado compuesto por el Profesor Pedro José Muñoz, individuo de número de la ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA; Licenciado y periodista Aníbal Laydera Villalobos y el Profesor Tarsicio Almeida Chirinos. El veredicto de este jurado calificador favoreció al señor DOMINGO ORDAZ, quien presentó un trabajo denominado “SÍNTESIS HISTÓRICA Y GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO FEDERAL DELTA AMACURO”. En él, la fundación fue en 1848, basándose en  el informe censal del General Manuel Carias, localizado en el ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN por el señor Alejandro Aumaitre Moreno.

Ahora bien, ya pasados los años y conociendo la historia de la Lápida aparecida en 1976, tres años después del CONCURSO, no es muy difícil pensar cómo los organizadores, sin ningún tipo de paciencia y ya con una logística montada y cumplida, pudieran en ese momento, echar para atrás todo ese trabajo, por no menos importante HALLAZGO de UNA LÁPIDA MORTUORIA DE 1842.

Seguira…

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