Prof. MSc. José Daniel Fuentes

II

Pero nacen otras interrogantes, ¿y el cuerpo, donde yacía esta lápida?.

Según la versión del señor Vicente, una vez localizada la Lápida, no se dieron a la tarea de buscar los posibles despojos mortales del difunto, sin embargo indicó que estaba “la forma de fosa” que tras 134 años  de estadía en una zona sujeta a inundaciones, tampoco se hubiese esperado encontrar mucho. Esto lo comenta Lavandero  dentro de su experiencia en los caños y sus constantes inundaciones “ …estaba en dios y su cuerpo diluido en el fango. Lo mismo había sucedido con Fray Patricio de Castrillo, muerto de un paludismo galopante y enterrado en la trincha de la Misión de Barima en 1927 al tratar de exhumarlo al poco tiempo. Reflexiono sobre lo que puedan sacar de las tumbas en tierra los habitantes de Curiapo, pasado 100 años a partir del enterramiento”. Por eso sería lógico pensar que con semejantes condiciones climáticas y edafológicas muy duras y normales en un Delta se podría esperar mucho después de 134 años.

Ahora bien una vez conocida esta parte de la historia, pongamos en contexto geográfico, el hallazgo de esta lápida, con la ayuda de la tecnología, para esto presentaré una fotografía oficial de 1950, donde se observa la distribución geoespacial del pueblo de Tucupita para esa época, como testimonio visual más antiguo y desde esa perspectiva tan única. Partiendo de la misma, haremos una RECREACIÓN TÉCNICA DE LA TUCUPITA DE 1848, siguiendo los datos brindados por Cruz José Marín en cuanto la ubicación de las primeras casas de Tucupita.

Foto de la Ciudad de Tucupita de 1950.

Usaremos esta fotografía, para ilustrar los dos puntos importantes de nuestro estudio, como se puede apreciar, se nota, claramente la ubicación de las primeras  casas de Tucupita, como lo indica Marín (1981):  «Tucupita comenzó a crecer en dos direcciones, paralelas al Caño Manamo y al Caño que le dio su nombre respectivamente, ya que LA PRIMERA CASA, fue construida en la INTERSECCIÓN de las hoy llamadas calles Manamo y Tucupita» (p. 76).. Así mismo se puede apreciar claramente, la Plaza Bolívar y por ende Calle Dalla Costa y marcando en punto rojo, el lugar donde se encontró la Lápida en 1976… ¿qué bueno sería, poder regresar el tiempo y poder tener un acercamiento visual del período de 1848, como fecha descrita anteriormente?.  Bueno, recurriendo a la tecnología y ciertos aspectos geográficos, conocidos, como que ciertas partes eran altas, el albardón común en las islas, o que la plaza era una laguna, la observación del paisaje circundante de la foto y detalles así, logramos realizar el siguiente ejercicio gráfico:

En la parte superior izquierda de esta representación digital de 1848, se pueden observar las primeras casas de Tucupita, según fotografías de la década de los 40 aproximadamente, se aprecia el punto rojo superior que indica, las primeras casas de Tucupita (N9°03’18,68; W62°03’05,90) y el segundo punto, ubica el lugar, donde se localizó la Lápida (N9°03’28,45; W62°03’03,98). Con la ayuda de imágenes satelitales (Satélites Yandex, Satelites ESRI) y las respectivas coordenadas tomadas con GPS en sitio en la actualidad, se determinó, la distancia de 300 metros entre un punto con respecto al otro.

¿Y esto para que nos serviría?, bueno  teniendo en cuenta, que de haber existido un cuerpo, donde se consiguió la lápida, este estaría en una distancia razonable de la zona poblada y en un área no tan alejada del albardón, (zona alta de cualquier isla), ya que se sabe que las islas del delta tienen forma de plato, y ESTA ÁREA SERIA LAS MÁS INDICADA PARA UN CEMENTERIO de un pueblo en sus inicios.

Todas estas elucubraciones, son dignas de estudiar, ya que la tecnología está para ayudar, a resolver ciertos conflictos históricos, pero con los datos verídicos y razonables. El pueblo y su punto de inicio existe, la lápida existe, el cuerpo del difunto no, (bien sean porque no decidieron seguir excavando o simplemente porque no soporto el paso del tiempo), probabilidades de cómo apareció esa lápida en Tucupita, hay muchas, y serán planteadas más adelante. Las herramientas tecnológicas y su uso lo más científicamente posibles, evitan entrar de lleno en el campo de la ESPECULACIÓN SIN FUNDAMENTO.

¿ES LA LÁPIDA POR SÍ, UN ELEMENTO COMPROBATORIO DE POBLACIÓN ANTES DE 1848?

Respetando el criterio del Sr. Vicente Gómez y del Fray Julio Lavandero Pérez (+), quien creyó fervientemente esta era una prueba irrefutable, cómo investigador me arriesgo a pensar,  ¿Y sí la lápida fue un encargo, un tránsito, no con destino a Tucupita, sino, a otro sitio y por cosas del destino permaneció aquí, de la misma manera que el señor Vicente fue cuidador de ella por 44 años?. Porque a ciencia cierta, siendo la Provincia de Guayana, estos caños fueron visitados por muchos foráneos desde antes de esta fecha, ya para 1729 se fundó Barima como pueblo de misiones dentro de Territorio Federal, Pagallos en 1790; el 27 de febrero del año 1812 se libró el combate naval Caño Macareo; el 8 de julio de 1817, se dio la batalla naval de Pagallos, donde gano el Coronel Antonio Díaz, todo esto en el Rio Orinoco, (Marín, 1981). Por lo que tampoco la aparición de la Lápida sea un hecho tan concluyente y aún menos sin un cuerpo que la respalde, eso sí, creo firmemente que de haber aparecido antes del 1973, hubiese sido investigada más a fondo, y pudo o no, haber dado otra pista sobre la fundación real de nuestra Tucupita, pero el destino jugo esa mala pasada. Recordemos también que Tucupita, era una parada, para recuperar fuerzas y seguir camino, ¿alguna circunstancia sobrevenida pudo haber troncado el destino original de dicha lápida?, permaneciendo aquí  hasta su descubrimiento, o ¿hubo otro guardián de esta lápida?, como lo fue el Señor Vicente Gómez hasta la actualidad.

Otro indicio que fortalece, el planteamiento de Transito de esta Lápida es el hecho de que una vez realizadas las ampliaciones de Tucupita en su conformación de Ciudad creciente, no se registro, ningún otro hallazgo de elementos mortuorios en las zonas construidas, zonas que fueron muy trabajadas para realizar esas obras de envergaduras en esos mismo alrededores. Sólo algún otro descubrimiento hubiese dado fuerza a pensar que en la zona pudo haber existido un cementerio para esa fecha, pero hasta ahora, no se conoce de otro evento parecido a este descubrimiento.

En cuanto al texto de la lápida y por comparaciones con otras de la misma fecha, concuerdan con ese período, ya que hasta los epitafios, no escapan a los modismos impuestos por las sociedades, es así como: Unos marmolistas escriben: «Aquí Hacen los restos», mientras que otros encuentran más elegante y académico esculpir: «Aquí yacen los restos». Eso sí su escrito, como lo indica el Fray Lavanderocon su especial ortografía y construcción gramatical”, es digno de un estudio más profundo.

Haciendo una investigación sin tanto rigor, por no ser especialista en el tema gramatical, muy sucintamente, ocurrió un hecho relevante que da pie a creer que la persona fallecida Víctor Francisco Rodríguez, no era un “simple”  marinero, o un ciudadano común, ya que lo escrito y la gramática de esa lápida, según estudio investigativo puede permitir “inferir” que los familiares o el mismo difunto eran personas ilustradas en las letras, posiblemente de abolengo y de una preparación académica elevada, y esta hipótesis cobró fuerza en el hecho, de qué en el BASTO mundo virtual como lo es, internet, sólo aparecen dos coincidencias con esta singular forma gramatical (Yacen aquí) en su inicio y están íntimamente relacionadas con grandes escritores literarios, que a continuación expongo para aclarar el concepto:

La primer relacionada con el epitafio en la tumba del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha; escrito por Sansón Carrasco, (personaje de la propia novela) según la obra de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Es decir propiamente dicho este epitafio lo escribió nada más y nada menos que Don Miguel de Cervantes Saavedra, la máxima figura de la literatura española (1547-1616)

 Yace aquí el Hidalgo fuerte
que a tanto extremo llegó
de valiente, que se advierte
que la muerte no triunfó
de su vida con su muerte.
Tuvo a todo el mundo en poco
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura,
que acreditó su ventura,
morir cuerdo y vivir loco».

Y la segunda de Luis de Góngora y Argote, prominente escritor español, (1561- 1627) quien hacia 1600, escribió el siguiente poema: De Unos Papeles Que Una Dama Le Había Escrito, restituyéndoselos

 Yacen aquí los huesos sepultados
De una amistad que al mundo será una,
O ya para experiencia de fortuna
O ya para escarmiento de cuidados….

 Y usted amigo lector, se preguntará ¿cuál es el punto?, como se pudo leer, de 175.000 resultados a nivel mundial, sólo dos concuerdan con el inicio del epitafio de la Lápida de Tucupita de 1842, lo que indica que no muchos para la época tenían, la posibilidad de conocer este alto grado  gramatical, si no era una persona de abolengo, estudiada y de recursos, cosa que para la época  sólo tenían unos pocos. La elaboración de estas formas gramaticales en la lápida, no son cosa del azar, fue con la intención de conmemorar el fallecimiento de alguien estudiado y formado en letras, sino que otro motivo habría para dejar estampado en piedra por los siglos de los siglos tan contundente y rebuscado epitafio.

Ahora bien, esta pequeña investigación sobre la ortografía y gramática de la lápida, me permiten indicar otra hipótesis, si no se han dado cuenta, la palabra “Yasen” de la lápida, presenta un craso error ortográfico, ya que la forma correcta es Yacen, como se evidencia en los extractos literales y de epitafios del año 1600, ya estudiados anteriormente. Por lo cual nace otra posibilidad más trivial, ¿Sera que abandonaron esta lápida en Tucupita por darse cuenta de ese error ortográfico? Creo que un familiar culto, como hemos supuesto, no permitiría que una lápida con ese error, formara parte del descanso eterno de otro hombre culto, apreciado y respetado, como se evidencia en su epitafio final.

 A  todas éstas ¿y La Lápida?

Según conversaciones hechas con el Señor Vicente Gómez, me indicó, que el Fray Julio Lavandero, le había solicitado como un último favor, o deseo,  qué esa LÁPIDA, sea trasladada junto a su DESCANSO ETERNO EN LA IGLESIA SAN JOSÉ, el día de su partida terrenal, lo cual se puede interpretar, que se fue convencido, de que esta reliquia pertenecía indudablemente para él, a Tucupita. Y allí la podremos apreciar, esperando que algún día se haga una investigación formal y con fondos, para dilucidar este otro MISTERIO DELTANO.

Por cuanto la verdad histórica se basa en fuentes objetivas, mientras no haya otro documento que desmienta al que ya hemos aludido.
Cruz José Marín, 1981

 

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