Larissa a la carga

Si existe una situación difícil de definir, es la que viven los diputados de la AN.

Tras ser electos, la varita mágica del gobierno, en un claro y tácito desconocimiento de la voluntad popular, los subió a una montaña rusa de la que no han podido bajarse.

Se quedaron atrapados en ese enorme e incontrolado vaivén de brazos serpenteantes del que no logran zafarse.

Trataron de responder a las que son sus atribuciones, intentado realizar plenamente el ejercicio democrático al que fueron convocados y no pudieron.

Aun así, hay quienes los critican sin percatarse de que fueron expropiados de sus potestades, echados de casa y no se les deja entrar.

De todos los diputados deltanos de la AN, Larissa ha sido la más constante y consecuente, mientras las voces opositoras se van apagando la suya se mantiene irreverente y beligerante por más que muchos pretendan inculparla de causas tras las que se asoman las fauces del carcelero.

Comprendiendo que el gobierno espera el momento preciso para someter la nueva constitución a votación y suplantar de plano los diputados de la AN, decidió retomar su cabalgadura.

Su causa y la de muchos como ella, es similar a la de Job, debe remontar la piedra una y otra vez en un ritornelo sin fin.

A Larissa la han puesto a subir la empinada nuevamente, con la esperanza de mantenerse como diputada y ejercer su legislatura, algo que no pudo hasta el momento.

 

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