Esta es la realidad.

Los venezolanos sobreviven con sueldos miserables.

La corrupción, expropiaciones y ocupaciones han sido en 22 años la receta del régimen, lo que evidencia su estado decadente, obsoleto y periclitado.

Sus políticas nefastas han llevado al país con la mayor reserva petrolera del mundo a exhibir los más vergonzosos índices en materia de salud, economía y desarrollo.

Han condenado a millones a pasar hambre.

Bajo un manto de hipocresía, han exigido enormes sacrificios, mientras se hacían intensamente ricos y enarbolando sus consignas trasnochadas.

En Venezuela lo único que no está dolarizado es el salario, 800.000 Bs., que no alcanzan para cubrir ni un solo producto de la cesta básica para 1 mes. Los CLAP son una humillación para nuestra gente y los utilizan como mecanismo de control social.

Hambre y miseria es el verdadero legado de la Revolución, ¡basta ya!

Urge un gobierno de unidad nacional que dé al traste con tanto sufrimiento y humillación y que traiga progreso, riqueza e igualdad de oportunidades para los venezolanos.

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