Comparto plenamente la propuesta de la diputada Milagros Paz Fuenmayor, para mitigar el flagelo del hambre.

El régimen acabó la producción agroalimentaria, unos pocos se enriquecieron con dólares preferenciales para importar insumos y alimentos. Además de expropiar tierras y cederlas a grupos delictivos.

Las palabras de Paz retumban con mucha fuerza en la Venezuela de hoy, “la crisis agroalimentaria se traduce en una sola palabra: hambre, hambre para millones de venezolanos, los venezolanos sufren de inseguridad agroalimentaria, no comen los tres platos diarios, los venezolanos pierden kilos”.

Suscribo su opinión cuando afirma, “los responsables son Chávez y Maduro que acabaron con la producción nacional, Chávez expropió cinco millones de hectáreas, esas tierras están hoy improductivas”.

No hay otra forma de verlo, ha sido un proceso progresivo, vilmente adelantado, que condujo inevitablemente a una nación apaleada por las redivivas siete plagas de Egipto.

Lo peor de todo, es que a pesar del daño que nos ocasiona este perverso modelo político, pretenden continuar justificándolo, abanderándolo e implementándolo, al punto de causar daños irreversibles en las futuras generaciones.

No hay mayores homicidas que quienes lo hacen a conciencia, en el convencimiento y la certeza de que poniendo a pasar hambre al pueblo venezolano, este carecerá de los arrestos y energías para decidir su propio destino.

Allí se equivocan y se equivocarán, el hambre de cambio es superior y no habrá quien la detenga.

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