Hace 9 años Yelitza Santaella ponderó cinco opciones principales camino a la que sería la sucesión.

Se disputaban el derecho de preferencia Ramón Antonio Yánez, Loa Tamaronis, Pedro Santaella, Amado Heredia y Lizeta Hernández.

Cada uno con pergaminos para ser él o la escogida y ocupar la gobernación. Todos con méritos.

El Prof. Yánez esgrimía la posición de haber sido su secretario de gobierno influyendo marcadamente en su gorma de gobernar, y el político de trayectoria más dilatada.

Loa Tamaronis, fiel en los menesteres de la diputación nacional, y una de las más consecuentes y leales servidoras en la capital de la república, consideraba habérselo ganado a pulso.

Pedro Santaella, alcalde de Casacoima, arropado bajo el eslogan “la sangre no se diluye”, tras haberla combatido ferozmente montándole guarimbas en cuanta institución pudo y fundando el PAS-R de la mano de Tomas Barreto, apeló a la condición de hermano y solicitó la venia de la mandataria. Era el más emerista de los candidatos.

Le seguía Amado Heredia, alcalde de Antonio Díaz la misma cantidad de tiempo que Yelitza había sido gobernadora, donde tuvo un buen desempeño. Reivindicaba su condición de indígena y la relación amable y cordial, de sumo respeto y cercanía, que mantuvo siempre con la clavellinera para impulsar su pretensión. Parecía casi lógico que se lo escogiera, algo que no sucedió. Luego, al igual que “Pimentón” rompió filas y se lanzó por su cuenta.

Por último, estaba la Dra. Lizeta Hernández, con apenas dos años trabajando en forma directa con Yelitza, siempre en el sector salud, podría decirse que la última en llegar y la de menos probabilidades, a fuerza de garra y eficiencia, logró ganarse la voluntad de su mentora y pasó, como se dice en el argot hípico, por la baranda desplazando a quienes se sentían con mayor derecho.

Lo que sucedió después es harto conocido, el frágil pacto entre ambas mandatarias se mantuvo por espacio de 4 años, hasta que la doctora se abrió camino dando comienzo a un duelo de cuchillos que todavía se mantiene.

El Prof. Yánez fue desplazado en medio de negociaciones internas, Loa se tragó su incomodidad y pasó por debajo de la mesa, Amado, a quien Yelitza le intervino incluso la cámara municipal para desarmarlo en sus intenciones, desapareció largo tiempo de la política para regresar de la mano de Lizeta, y Pedro, que no consiguió su cometido de ganarse la voluntad de la mandataria a fuerza de presión consanguínea, fue tan feroz en la campaña como siempre lo había sido desde Casacoima, para resultar derrotado, terminar trabajando con su hermana en Monagas y reaparecer una que otra vez en la política deltana sin éxito.

El Prof. Yánez y Loa se cobraron de inmediato la afrenta apalancando la oposición a los Santaella de la mano de Lizeta, Amado mucho después hizo lo mismo, y la sangre efectivamente no se diluyó haciendo yunque y martillo desde Monagas.

Historias de la política y de la vida.

 

 

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