Las constantes lluvias vulneran el arte en bora, golpeado de por sí por bajas demandas en Tucupita

Foto: un sombrero de bora está en una oficina en el centro de Tucupita / Tanetanae.com. 

María Carrión, una indígena warao que vive en la comunidad La Chivera del  sector Paloma de Tucupita, y que se dedica al arte en bora para sobrevivir, es una de las tantas perjudicadas por las precipitaciones que han persistido durante el último trimestre.

Es su único sustento en medio de una severa crisis que apunta a recrudecerse. Dejar a un lado este trabajo, significaría morir de hambre en una localidad como Tucupita, la ciudad que está distante de sus tierras tradicionales. Así como María Carrión, otros waraos salieron de los caños del Delta por las enfermedades. Los estaba acabando, revela Carrión.

Una vez en Tucupita, se asentaron en tierras baldías. Allí viven sin mayores cambios respecto a los servicios básicos, pero Carrión insiste en que existen más probabilidades de sobrevivir. En vista de la falta de plantas de moriche, el árbol de la vida para ellos porque no se da en abundancia en este sector del Delta, han acudido a las boras; una maleza flotante.

Todo trabajo artístico manual implica un largo trabajo, de paciencia, pero también de factores climáticos. Lo más ideal para avanzar con prontitud, son los días soleados. Así podrán secarse los tallos de la bora, para finalmente ser tejidos en sus diferentes presentaciones.

María Carrión está afectada. Cuando apenas sale el sol, vuelve a llover. Su alimentación está en riesgo en medio de una merma en la demanda. Por doquier se ven ventas ambulantes de artes de bora en Tucupita. La competencia es férrea, por lo que los precios han bajado. A veces a tal nivel, que deben regalar su trabajo.

María debe  ir a un sector denominado el muro, en busca de boras.  Tras el proceso de selección, secado y  tejido, un arte está listo para ser vendido en tres millones de bolívares, un poco más de un dólar al 8 de enero. Con este dinero puede comprar dos empaques de comida. Puede ser harina, arroz o pasta. “Es lo que  hay”, dice la mujer.

A veces ha tenido que cambiar algún producto acabado de su arte, con comida. Lo hace cuando ya casi ha finalizado su jornada y no tiene qué comer.

Las lluvias siguen perjudicando el único sustento de María Carrión. Para ella aún no sale el sol.

 

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