En los últimos dos años, hubo un par de enormes boquetes en las adyacencias de la CVG Delta, en el sector Tucupita-Las Malvinas.

Ambos tuvieron consecuencias perceptibles y otras no tanto. Al que se produjo al costado de la carretera nacional, entre la vialidad y el caño, se lo tapó con rapidez; el más grande, en línea con el anterior, al otro extremo de la calle principal, permanece aireado.

Para abrir paso a los vehículos y permitirles entrar a Tucupita, se abrió una trocha al costado del primero. En el caso del segundo, sencillamente permanece cerrado el acceso vehicular a la calle 8 de la urbanización Dr. Delfín Mendoza.

Los afectados fueron muchos, podría decirse que el pueblo entero, sin embargo, dos personas, han padecido las peores contratiempos.

Dos seres humanos, cuya naturaleza de adultos mayores ha hecho que las penurias sean extremas.

Al señor Félix Tocuyo, de 78 años lo operaron recientemente tras contraer una hernia producto del agua que se vio obligado a cargar los dos últimos años, desde el tubo externo de la CVG, hasta su casa en la esquina de la calle 8 con la troncal 15.

La señora Brígida Urbaez, de 80 años, su conyugue, relató que nunca más contó con agua limpia, ni drenajes de aguas negras. Peor aún, por efecto de la tierra acumulada en los alrededores y la pendiente forzada, el agua de lluvia anega por completo su hogar.

Ambos han tenido que hacer sus necesidades a la vieja usanza; pedirles a los vecinos que los ayuden a cargar agua hasta la vivienda; sacar el barrizal y limpiar el piso una y otra vez, en cada ocasión que llueve; cargar con las excrecencias en bolsitas hacia el aseo externo; verse impedidos de dar higiene al hogar con la regularidad que desearían; y lo peor, vivir sin esperanza de que resuelvan pronto el problema.

Han ido a los medios de comunicación, han conversado con las autoridades, han implorado a los políticos, han ventilado sus cuitas a quienes han querido escucharlos, han orado al de arriba, han hecho lo que cabe humanamente hacer, y siguen en lo mismo.

Mientras, seguirán anegándose, forzándose, lamentándose, viéndose obligados a retroceder en sus hábitos sanitarios hasta aquella época en que eran niños, y mirando al cielo en procura de una solución que se avizora lejana, muy lejana.

 

 

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