Lizeta se mostró ante el país al lado del numero 2.

Si bien es cierto que Diosdado es cabeza de una corriente imprescindible para preservar el poder y mantener el control del país,  difícilmente pueda influir tanto sobre Maduro como Jorge Rodríguez.

El psiquiatra y abogado influye por partida doble, no en balde su hermana Delcy encabeza la ANC y acude con presteza a cualquier lugar donde se requiera la presencia de alguien “químicamente” confiable y leal. Jorge va detrás.

La gobernadora deltana no es de las que desaprovecha las oportunidades, a esos minutos le sacó tanto “jugo” como un médico en sala de emergencia con un paciente cuyo hilo de vida está en sus manos, son momentos en los que ningún segundo sobra.

Podemos elucubrar que le dijo y de seguro estaríamos bastante cerca de saberlo, sin embargo, la política es terreno de insondables y solo ella y el ministro de comunicaciones lo saben.

Por ejemplo, de seguro lo invitó a la presentación de su memoria y cuenta, posibilidad a la que Rodríguez gentilmente renunció.

No es cualquier cosa estar al lado de Jorge Rodríguez, el hombre que da la cara cuando no lo hace Maduro ante el país, el vocero alterno que tanto le pedían al presidente, que más que vocero es un titiritero que mueve con presteza los hilos de la psiquis de la nación.

Si tocara calibrar cuánto ha hecho cada uno de los personeros del gobierno para sostenerlo en pie, el otrora presidente de la cuna de liderazgos llamada FCU, se llevaría la batuta en una categoría de la que es amo indiscutible, no hay quien haya causado tantos estragos en la oposición ni ocasionado tantos males a quienes pretender desbancar el chavismo. Es un fino divisor, que hace mella con sus palabras donde se mete.

Lizeta maneja mucho la mano derecha, es sumamente impetuosa y efervescente en su prédica, con Jorge algo de la mano izquierda aprendió, fueron minutos de lujo, tiempo que la gobernadora deltana, muchas veces médico de emergencia, no desaprovechó.

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