Lizeta quiere más, más apoyo, más recursos, más lealtad, más reciprocidad, más gente.

Por desgracia, cada día que pasa le llega menos, menos reciprocidad, menos lealtad, menos recursos, menos apoyos, menos gente.

Mientras que sus exigencias se multiplican, las respuestas se minimizan, reducen y escasean.

Es un problema del país, de la coyuntura de la crisis. Hace mucho que se piden única y exclusivamente sacrificios, y eso le quita motivación a cualquiera.

La gobernadora le ha hecho ver a sus funcionarios y a los partidarios del Psuv, que quien más ha puesto la carne en el asador es ella, que hasta amenazada de muerte ha sido y ese pequeño detalle no la frena en lo absoluto, por tanto, espera mayor compromiso de sus huestes.

De poco le han servido esas explicaciones, la convocatoria continua siendo pobre.

Lo último que hizo fue decir que quienes no apoyaran a la revolución, no merecían los Clap, porque quien no quiere a alguien, no acepta nada de ese a quien no quiere.

Debería considerar que Diosdado no es una persona carismática, lo que se dice un líder natural, por más que se respete el enorme esfuerzo que hace recorriendo el país.

La gobernadora se molestó, si lo piensa bien debe evitar calentarse porque la recuperación económica se ve lejos y es difícil hacer política cuando la necesidad golpea.

No es fácil, diría un querido amigo.

 

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