Diosdado Cabello de visita en Tucupita

La de mañana es la más incomoda de las visitas.

Nuestra gobernadora, tan presta a ganarse la voluntad de los foráneos, del calibre que sean, se ve limitada en el caso del hombre fuerte de la revolución. Quiere y no puede.

Cortejar a Diosdado es para cualquier político de la tolda roja algo normal, representa la cabeza visible de una de las corrientes en pugna por hacerse con el control del Psuv y por ende del gobierno, y recorre el país mostrándose como el sucesor natural del presidente Maduro.

Para la gobernadora deltana representaría un logro extraordinario granjearse la simpatía de Cabello, estaría ganando una importante cuota de terreno en la disputa que sostiene hace años con la mandataria monaguense, constituiría un dardo envenenado al corazón de Santaella, leal por años al teniente, que según el comandante Chávez, nos fue dado por Dios (Dios-dado).

Sin embargo no es así de fácil, por más motivada que se sienta, resistirá con todas sus fuerzas la tentación de dar un paso adelante, los largos tentáculos de Maduro la estarán observando en resguardo de que cometa algún desliz. Por más grande que sea la intención de usurpar el corazón político del mentor de Yelitza, es una de las gobernaciones del presidente, y el ex sindicalista del Metro cuida lo suyo con mucho celo, tanto como cuidaría a los pasajeros de su autobús.      

La visita de mañana será muy incómoda, por mas cohetones, barahúnda y fanfarria que haya, una de sus principales protagonistas tendrá que hacer acopio de buenos modales, ceñirse al protocolo, guardar distancias y medir las palabras, pelarle el diente al showman de la revolución puede ser muy incitante, pero representa un salto al vacío, que a estas alturas la demócrata reconvertida en revolucionaria no querrá dar.

Dice uno.

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