Un apretón de manos entre una dama y un caballero. Un momento de distensión en el marco de un evento, la juramentación del comando de campaña “Darío Vivas”, que unió las voluntades de los psuvistas.

Tanto si Lizeta claudicó al final aceptando la candidatura de Pedro, con el único objetivo de no ceder ante la otra candidatura que tanto la preocupa.

Tanto si fue la cuota ineludible e inevitable del caudillo Diosdado y su gobernadora aliada Yelitza, en el Delta.

Tanto si Lizeta quiso esquivar la mirada, para justificar un no sé qué y Pedro se la mantuvo.

Tanto si tendrán que sentarse una que otra vez luego de este peculiar momento, para definir directrices de la campaña.

Tanto si posiblemente Pedro en un futuro no sea precisamente el más cercano de los diputados a Lizeta, manteniéndose obviamente en otro bloque.

Tanto si dijo mucho ese contacto de manos como pudo no decir nada.

Lo cierto es que se tocaron someramente una Hernández y un Santaella, algo que sucede con tan escasa regularidad que se parece a un fenómeno extraordinario de la naturaleza.

Hay varios tipos de contactos, en Karate un contacto es un golpe que aterrizó sobre el oponente sin llegar a golpearlo, hizo contacto le dicen; en el mundo empresarial, un enlace que sirve de puente para llegar a un fin; en este caso fue un contacto firme y suave a la vez, de dos encarnizados rivales políticos, que algún día, cuando la llama del poder y la ambición se quite del medio y se hayan jubilado del sector público, seguro se repetirá muchas veces y sin llegar a ser amigos, podrán entenderse y llevar la fiesta en paz.

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