La explicación es más sencilla de lo que cabe imaginar: Loa le garantiza mayor cercanía con el pueblo llano, con el hombre y la mujer de barrio, con el ciudadano de a pie.

Por mucho que le digan que la candidatura de la alcaldesa a cualquier estamento es difícil de impulsar, Lizeta se mira en la obligación, se siente exigida, se ve forzada a promoverla, está consciente de que no tiene otro cuadro que se mezcle con el fango de las comunidades con la facilidad y prestancia que lo hace Tamaronis.

El cúmulo de sus cercanos no es gente de caminar por esos pateaderos, y por más que la gobernadora hace un gran esfuerzo por adentrarlos en las giras que hace, no se produce la alquimia, no se genera la empatía, no se origina la consustanciación.

La alcaldesa con sus leales lo hace, es más propensa, más proclive, más potable, para vincularse con las entrañas y recovecos del gentilicio deltano.

Y si antes de ser alcaldesa con su gente lo hacía, ahora que es alcaldesa más rápido, poniéndosela más difícil a quienes aspiran ser los escogidos por Lizeta.

Conociendo ese punto débil de la mandataria deltana, Alexis quiso darle la pelea en el campo de los concejos comunales viéndose impedido de avanzar por la carencia de recursos económicos, por la asfixia que padecía la alcaldía capital. Al día de hoy “Chugaby”, con apoyo nacional pretende hacer lo mismo, el tiempo indicará la medida de su éxito en la aventura que acaba de emprender.

En política no hay secretos, hay ollas tapadas que al abrirlas y paladear su sabor rápidamente nos dan idea de la sazón y el contenido. Loa representa para Lizeta el aderezo que tanto se le dificulta conseguir.

 

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