Lizeta lo fue arrimando, lo fue empujando, lo llevó hasta la orilla y una vez allí… él se fue.

Tuvo años con esa estrategia en mente, casi una década, desde aquel lejano Psoev, que empleó como argumento para demostrar que una vez, por voluntad propia, estuvo fuera. Poco le importó que desde su grupo de análisis o cogollo político partiera la opción de María, como contraposición a Alexis, a quien quería fuera del Psuv y también… se fue; María volvería tiempo después a un cargo de responsabilidad, más el líder juvenil, el proyecto de futuro, Chugaby, debía salir.

Luego, desde el buró político, instancia decisoria del Psuv, dominada total y absolutamente por la mandataria, al punto que el partido de gobierno, se abre y se cierra cuando es su voluntad, lo empujaron sacándolo; ni oficina, al constituyentista le quedó.

Después, bajo acusaciones de violar el Libro Rojo, compilación doctrinaria del chavismo, señalándolo pública e internamente de ser desleal e indisciplinado, de apartarse de la línea partidista y otras tantas perlas más, lo intentó de nuevo; ¿cuántos expedientes reposaran en el consejo disciplinario?, solo ella, su equipo y los archivistas lo saben.

Posteriormente, de forma más abyecta y radical, vinieron las denuncias sobre su presunta vinculación con una organización delictiva, de las cuales el parlamentario salió bien librado. Advirtiéndolo de hasta donde, en esa lucha encarnizada la que escogió como su rival político, podía llegar.

Por último, llegó este proceso electoral, ubicándolo en la cuarta posición de la lista, forzándolo a ser, si acaso, suplente, obligándolo a remar para impulsar a los demás, en claro desprecio a su arraigo en la población y casi en repulsa a su dignidad de político que aspira a crecer conquistando nuevos y más elevados horizontes.

Ese fue el momento definitorio, cuando Chugaby toma la crucial decisión acicateado por sus seguidores y los nuevos aliados, y deja por voluntad propia el Psuv. Ese 8 de septiembre, cuando hizo pública su renuncia, Lizeta frotó sus manos, miró al cielo y dio por terminada la primera fase de su operación quirúrgica para extirpar lo que consideraba un cáncer de las filas del chavismo. Su estrategia de una década atrás, había funcionado.

Fuera estaría vulnerable, sensible y desvalido, ajeno a la fortaleza que significaba el Psuv; un guerrero sometido a las lluvias, al frío, al temporal y a la insalvable carencia de recursos.

Maquiavelismo político     

Lo último que cabría pensar, lo cual sería el colmo del maquiavelismo, es que fue parte de una estrategia montada por Lizeta, y quienes se acercaron a Chugaby instándolo a lanzarse en forma independiente, lo hicieron con la anuencia de la “turca”.

Sigan menospreciándola y cometerán un grave error político; hasta ahora el enfoque ha sido mirar sus debilidades y todos han naufragado en ese mar; el día que la observen poniendo la mira en sus fortalezas, la historia cambiará, sin saber si ese día ha llegado.

La hora cero de Chugaby  

Es su hora cero. Distante va quedando el cruce de caminos en el que decidió tomar otra dirección; ya no es tiempo de dudas ni arrepentimientos, las cartas están echadas.

La historia del devenir político está llena de imposibles. David se valió de una honda para vencer a Goliat. ¿De qué se valdrá Chugaby? Está por verse.

Otra lectura   

Toda situación tiene varias lecturas, vista desde la óptica de la gobernadora es una, logró su cometido, se armó de paciencia y llevó la primera fase de su estrategia al final deseado, ahora buscará rematar la faena; desde la óptica de Chugaby, seguro será una visión distinta.

Si bien es notorio que Lizeta lo puso donde quiso, no es menos cierto que fue Chugaby quien tomó la decisión; sus razones tendrá.

Lo cierto es que aun representando los liderazgos -bien definidos- de las dos corrientes internas del psuvismo, la mandataria se mantuvo al frente de la suya y Chugaby decidió combatirla desde afuera, asumiendo el camino más tortuoso y difícil.

Un derrotero que habrá de fortalecerlo sacándolo de su estado de confort y que puede significar también, en caso de no resultar favorecido, algo similar al castigo de Sísifo, viéndose obligado a remontar la cuesta de nuevo.

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