Lizeta quemó las naves

Una nueva batalla emerge en medio de la paz instaurada por el Psuv en las filas del GPP para hacer frente a la crisis y a la oposición.

El pasado sábado, en cadena regional de radio, la gobernadora Lizeta Hernández fue particularmente dura al referirse a algunos de los alcaldes en ejercicio.

Por primera vez en mucho tiempo empleó invectivas públicas al referirse a los alcaldes de Tucupita y Pedernales, rozando tangencialmente a la alcaldesa de Antonio Díaz. A duras penas se salvó el de Casacoima.

Por cierto, la actitud desbordada de la mandataria habría sido acicateada por otra situación, que nada tiene que ver con la acción conjunta de los gobiernos estadal y municipal, al parecer días atrás la gobernadora sostuvo conversaciones con dos de los alcaldes y la alcaldesa procurando avanzar en la intención de trabajar juntos y allanar las diferencias, y 48 horas después habrían sido vistos felices y sonrientes, hermanados con Yelitza Santaella, lo que Hernández consideró una ultima y definitiva traición.

En realidad los reclamos de la doctora son viejos, siempre se ha quejado de recibir muy poca colaboración por parte de los alcaldes y la alcaldesa argumentando que dejan de su cuenta numerosas responsabilidades, que por ley son compartidas.

Para redondear la faena, dejó colar que en el gobierno hay quintas columnas, que mas allá de colaborar instan a protestar y a sabotear la gestión pública.

Todos son lamentos repetidos, solo que esta vez fueron muy “convenientes”.

Lo hizo uso en momentos en que se siente crecida tras obtener un triunfo en las elecciones estudiantiles de la UTD Francisco Tamayo. Curiosamente sus huestes se aliaron a las de Yelitza Santaella, doblegando a la conformación apoyada por el alcalde González.

También se siente aupada por el presidente Maduro, que le prometió una visita a Tucupita en cadena nacional de radio y televisión, antes que culmine el año.

Curiosamente algo similar ocurrió cuatro años atrás, cuando se preparaba para optar por su reelección y se avecinaban las elecciones de las alcaldías, sus intervenciones públicas fueron particularmente rudas al referirse a los burgomaestres.

En aquel entonces el presidente Maduro viajó a Tucupita y durmió en su casa. En virtud de lo acontecido posteriormente se supone que le exigió que no hiciera el más mínimo intento de remover a los alcaldes, muy al contrario, que les brindara todo el apoyo posible, algo que hizo a regañadientes.

En esta ocasión Lizeta vuelve a la carga con algunos precandidatos repetidos y otros nuevos, suponiendo que intentara por todos los medios hacer prevalecer su tesis de que deben efectuarse cambios urgentes en los mandos de las alcaldías, idea que el presidente no le compró la vez anterior.

Las cartas están echadas, y así como un día renovó el tren de ejecutivo de la gobernación dando paso a los suyos, ahora quiere rodearse de alcaldes afines, que le hagan mas llevadera la gestión y la vida.

No hay vuelta atrás, Lizeta quemó las naves y blandió el hacha de la guerra.

Sálvese quien pueda.

 

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