Sorprendió en la cadena radial y televisiva de la mañana de este miércoles 15 de julio, el impensado e impensable comentario de la gobernadora deltana, admitiendo que sostuvo una reunión con su archirrival Jesús Gabriel Hidalgo “Chugaby”.

La que hasta hace pocos días parecía ser la expresa e irrefrenable voluntad de la mandataria de dejarlo fuera del juego político, cambió por obra y gracia de un supuesto sortilegio, que tiene una explicación lógica y razonable.

En realidad se trató del reconocimiento a una trayectoria ascendente, que se traduce –históricamente, a lo largo de la última década- en un caudal de intenciones de voto. También el reconocimiento tácito de que no ha podido hacerlo a un lado y, por último, el más importante de los reconocimientos, que lo necesita.

¿Por qué lo necesita? Por muchas y variadas razones. A la doctora le gusta obtener victorias contundentes en los procesos electorales y el basquetero posee el caudal intangible de miles de votos en una invisible cuenta, que tendría la curiosa virtud de apuntalar un rotundo triunfo y la inequívoca bellaquería de producir un cisma en el Psuv deltano. El abogado de profesión se hizo de un importante lugar en el ámbito revolucionario, que a la inversa pudiera traducirse en un significativo vacío.

Por otra parte, nuevamente, de cara a la realidad y a los fantasmas que la persiguen, la médico teme que una nueva intentona del sector monaguense, arrancando en una cabecera de playa, culmine en dos o tres diputaciones que le hagan la vida política imposible.

Ante la contundencia de la evidencia, con base en los registros históricos del nieto de “Chaguaramas”, que han crecido progresiva y paulatinamente pudiendo proyectarse en un probable resultado, con apoyo del “tren de oriente” de casi 30.000 votos, la gobernadora de las tres estrellas parece haber bajado la guardia.

Hubo también una reacción inteligente, aun sabiendo que no podrá controlarlo y que representa el futuro del partido.

Por último, motivar voluntades en tiempos de crisis es sumamente difícil y al encarnar una esperanza, basada en las gestiones que ha realizado traducidas en puestos de trabajo, donativos, ayudas, obsequios, apoyos, etc., “Chugaby” está en muy buena posición para hacerlo.

Lo de Lizeta y “Chugaby” es, el reconocimiento a la épica del joven que se atrevió, y la épica del reconocimiento de una persona negada a una posibilidad a la que tuvo que ceder, por temor a fracturar el piso que tanto le ha costado construir.

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