Gobernadoras monaguense y deltana, Yelitza Santaella y Lizeta Hernandez

Por más que muchos añoren el retorno de Yelitza Santaella, existe una verdad irrevocable: la Dra. Lizeta Hernández sabe que debe hacer lo posible por mantenerse, no es libre de elegir.

Lizetica no tiene opción, debe intentar continuar, en torno suyo gravitan una importante constelación de planetas, ligados con lazos invisibles a su gestión, que la necesitan como el aire para respirar.

Comprendió, que la política no es un juego trivial donde las consecuencias son benignas y pasajeras, y de vez en cuando pone a sus protagonistas en la difícil situación de tomar decisiones comprometedoras, atenazándolos con la fuerza del acero sin permitirles salir.

Además, por mucho que le atribuyan a Loa un poder inconmensurable, Lizeta no ha preparado sucesión alguna. No tiene herederos.

Por otra parte, ha aprendido que en política las retaliaciones están a la orden del día, y no hay mejor forma de escudarse, que seguir el ejemplo que el profesor Yánez dio, abrigarse continuamente con el poder.

A estas alturas conoce también, en las figuras de Emery Mata Millán y Armando Salazar, que la única forma de continuar desempeñando un papel protagónico y evitar el ostracismo público, es detentar la gobernación hasta donde la salud y los electores lo permitan.

Más allá de los cardos y las espinas, que laceran la piel en el ejercicio de la política activa, y que redundan en fuertes dolores de cabeza y jaquecas, Lizetica sabe que debe continuar, y Yelitza sabe que ese es el mayor de los obstáculos para regresar.

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