Jorge Salma hace un llamado a las nuevas autoridades

Para el momento de culminar mi artículo la mañana clareaba y comenzaba el proceso electoral. La gente salía a la calle a votar con renovadas esperanzas.

La reafirmación de una autoridad que lo ha hecho bien o a la elección de otra distinta que viene a ocupar su lugar, siempre implica una dosis de entusiasmo.

Gran parte de las veces no es necesario que transcurra mucho tiempo para que la desilusión invada al pueblo, cuantas decepciones nos hemos llevado los últimos años esperando por un cambio que nos guie por la senda de la mayor felicidad posible sin conseguirlo, cuantas veces nos han roto el corazón.

A pesar de todo, seguimos apostando por la democracia, por el voto universal, directo y secreto, y por el ejercicio de ciudadanía que ello implica. Podemos quejarnos, mas no renunciamos a nuestro derecho de intentar proporcionarnos nuevas y mejores autoridades cada vez que los ciclos electorales nos brindan la oportunidad.

Es una sana costumbre a la que es imposible renunciar, un tirano que se eterniza es una cárcel pública para el colectivo, un político que nos garantiza la libertad, el crecimiento económico y la paz es una bendición para la ciudadanía.

El pasado 10-D acudimos de nuevo, sobre la base de la costumbre, la conciencia, el interés o sencillamente la posibilidad de elegir, fuimos gran parte de los venezolanos a depositar nuestro voto. Ahora nos corresponde hacer uso de nuestro derecho a disentir, protestar pacíficamente o simplemente aplaudir aquello que consideramos correcto.

Mis más sinceros deseos son los mismos que posiblemente comparta el colectivo en pleno: contar con autoridades que escuchen el latir del pueblo, que pongan el oído en el sentir de la gente, que no se distraigan en vagas ilusiones o ideologías irrealizables, y que centren sus esfuerzos en las verdaderas necesidades del común de las personas. En fin, líderes o lideresas que solucionen.

Me gustaría que no se llenen de ínfulas y se dediquen a servir. “Quién de nosotros es el más grande, dijo Pedro a Jesús, quien mas sirva a los demás respondió el Hijo de Dios”.

Que no teman saludar y que no se escurran por los pasadizos de las casas de gobierno, sin responder a los planteamientos que se les formulen y que de seguro serán de urgente solución.

Que rían y disfruten como los demás, sin olvidar que han sido investidos con una enorme responsabilidad que los lleva a ponerse en el lugar de cada uno de nosotros, pensando en la mejor forma de resolver los ingentes problemas que acumula una sociedad.

Que protejan a los débiles y den alas a los capaces, que infundan sueños y despierten los espíritus adormecidos, y que sean los protectores que todos esperamos.

Que hagan suyas las banderas de la justicia luchando sin descanso contra la desventurada corrupción, que sepan que hay un Dios que para abajo ve, y que en sus manos están en parte nuestro futuro.

Y que sean siempre y en todo momento uno entre nosotros, sin los desvaríos que el ego, la ambición y la mala conciencia infunden en los débiles de espíritu y en los blandos de voluntad.

Eso esperamos.

 

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