Los retrasos en los pagos ocasionaron mucho malestar en la masa laboral de la alcaldia de Tucupita

El daño pecuniario fue enorme.

Cada familia tucupitense que dependía de la alcaldía capital para balancear su presupuesto y subsistir, pasó penurias.

La situación económica del país, de por sí difícil, terminó por agravarse en los hogares debido al retraso en las cancelaciones.

Cada pago a destiempo implicó la pérdida de valor de la moneda a causa de la inflación. En conclusión, pudieron comprar menos.

Los auxilios financieros, que nunca llegaron, condujeron a números padres de familia a endeudarse e incluso a perder objetos preciados.

Cada pago no efectuado significó una compra que no se hizo, y cada cancelación tardía la merma del poder adquisitivo, al punto que no hubo forma de adquirir aquello que hubiésemos podido comprar tiempo atrás. Cada impago trajo consigo miseria.

Lo que pudiste haber adquirido hace seis meses, resulto imposible de obtener tiempo después.

Los trabajadores del organismo se las vieron malas y feas, y aun así aguantaron la pela. Son los reyes de la tolerancia y unos virtuosos de la paz.

Por la razón que sea, si las nuevas autoridades pretenden ser justas y equitativas, deben comenzar por allí, por una paga dignificante y al día.

Solo con eso, habrán ganado el cielo.

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