Alexis nos dejó un bonito presente: la Virgencita del Valle.

A las puertas de Tucupita, a resguardo de nuestras vidas y bienes.

En homenaje a nuestros ascendientes neoespartanos que la idolatran y adoran, y trajeron su Fe a estas tierras.

Creídos o descreídos, su imponente presencia nos embarga de bondad y buenas sensaciones, nos sentimos arropados por su halo protector.

Se le agradecerá ahora y luego, su ubicación en la única entrada terrestre posible, es una importante referencia de la espiritualidad que profesamos y de la naturaleza candorosa y noble del pueblo deltano.

Alexis lo deseaba y lo consiguió, su persona estará indisolublemente ligada a la Santa Patrona de la ciudad, por siempre y para siempre.

 

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