Un sismo de magnitud 6,3 se registró el pasado 21 de agosto en Yaguaraparo estado Sucre, pero sus ondas calaron con fuerza por los estados del oriente venezolano y la región central.

Se trató de un movimiento telúrico que estremeció con facilidad a Tucupita. Una gran cantidad de personas salió a las calles como pudo. Todos gritaban desesperadamente.

Algunos deltanos rezaban mientras se iban en llanto, otros intentaban mantener la cordura y cumplir con los protocolos recomendados ante este tipo de eventualidades. “Yo creía que era el fin del mundo”, dijo una joven en calle Petión, ese día en la tarde.

Todos miraban hacia arriba para evitar que postes, guayas eléctricas o cualquier objeto cayeran sobre ellos.

El terremoto no dejó víctimas mortales en ninguna parte de Venezuela, apenas algunos daños en infraestructuras.

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