Loa quiere un nuevo mercado para el 2019

La alcaldesa de Tucupita, profesora Loa Tamaronis, manifestó haber entregado el proyecto del nuevo mercado municipal a la ministra de Obras Publicas Marleny Contreras de Cabello.

Sería el tercer proyecto en tres gestiones consecutivas, Domínguez, Alexis y Loa, en ser elevado a las instancias centrales de gobierno en procura de financiamiento para su construcción.

La idea cuenta con el total respaldo de la gobernadora Lizeta Hernández, siendo presentado de la mano de ambas, gobernadora y alcaldesa, para contar con mayor empuje.

El proyecto del Dr. Domínguez, según propia confesión en una intervención pública hace una docena de años, ascendía a unos 33 millardos de bolívares, lo que hizo que fuera postergado sin que jamás se le diera el ejecútese.

El de Alexis González, actual director de Corpomonagas, a quien por la razón que sea nunca el gobierno nacional le financió obras de gran envergadura, lo que atribuyó a un presunto sabotaje desde la gobernación, consistía en una moderna estructura metálica de dos plantas con un amplio patio central, que se levantaría donde funciona el actual. La maqueta pudo verse largo tiempo en las instalaciones de la alcaldía sin saber donde fue a parar.

La actual alcaldesa ha sido un poco más hermética sin dar a conocer tamaño, inversión, alcances, etc., en fin, características que deben ser del dominio público.

La intención de construir un nuevo mercado obedece a razones que parecen justificarlo plenamente, al actual se le considera una estructura caduca, avejentada, sin cabida para mejoras, poco representativa de un estado en continuo crecimiento, y a la que no se le puede sacar mayor provecho en virtud de su distribución.

Sin embargo, la propuesta de una estructura nueva contribuye muy poco a la solución de los actuales problemas, que requieren de una dedicación a fondo de la alcaldesa y su equipo gerencial en procura de obtener resultados tangibles en cuanto a poner coto a problemas como el sobreprecio, el acaparamiento y la especulación, que desde el mercado parecen expandirse al estado.

Al lugar se le atribuye la condición de propulsor de una dinámica perversa, que tuerce el destino de la economía deltana.

Viéndolo desde otra perspectiva, no es al mercado al que se le deben achacar tales efectos, la entidad es más bien la depositaria de los vicios que corroen la economía del país y que confluyen en los mercados centrales de cada estado de la nación.

Pretender ordenarlo bajo la perspectiva de que la inflación, la venta de efectivo y la oferta de productos regulados al aire libre -en un claro ejemplo de cómo funciona la oferta y la demanda- van a cesar, es como pretender aniquilar la metástasis enfatizando la lucha contra la enfermedad en un pequeño tumor.

La batalla que ha emprendido la alcaldesa habrá de funcionar moderadamente en cuanto a la posibilidad de ir legalizando a los vendedores, poner orden en las prácticas comerciales, redistribuir los espacios y los adjudicatarios de los puestos, la reducción de las actividades delictivas, la instauración de un dialogo permanente con las entidades públicas que secundan a la alcaldía en su accionar y que orientan a quienes hacen vida en el lugar, la apertura de otros espacios complementarios al mercado que permitan desconcentrar sus actividades como Las Juas Juas, y otras tantas iniciativas que serán de utilidad.

Lo otro sería tan fantasioso como pensar que Loa puede arreglar la economía venezolana desde Tucupita, cuando a lo sumo puede poner un paño de agua tibia a uno de los puntos calientes de la economía deltana, poco más.

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