Lo de Loa y “Chugaby” no se sabe dónde va a parar.

La alcaldesa intenta transmitirle un claro mensaje al constituyentista y viceversa.

La maestra por vocación y convicción, antes que guerrear y disputar cada palmo de terreno, trata de comunicarle al osado dirigente con artes de seducción pedagógica, que le resulta mejor esperar un poco antes de pretender dar el salto a la gobernación.

El ímpetu y la resolución del joven político le dan a entender a la primera autoridad municipal, que la ambición de escalar posiciones en el ámbito público no tiene límites, procurando por tanto canalizar y atenuar su impulso.

Sabedora de que el muchacho tiene pegada, prueba a convencerlo sin agresividad ni prepotencia, de que conviene a ambos desplazarse juntos construyendo un liderazgo mancomunado, que aterrice en la calle Amacuro y la esquina de la plaza.

Es una estrategia inteligente que se plantea evitar una batalla sin cuartel con sus consiguientes bajas políticas, de cargos, estatus y posición, y la tensión in crescendo que termina envolviendo a todo un pueblo.

La alcaldesa quiere picar adelante y ponerle bridas al corcel, planteándole una negociación en la que ambos ganen, sin necesidad de un mayor deterioro de lado y lado.

La idea parece bastante razonable si no fuera por los cantos de sirena que endulzan los oídos del más joven de los constituyentistas orientales, y de un activista que se ha ido ganando a pulso cierto prestigio en las esferas públicas del país y un conjunto de apoyos que a muy alto nivel, le ven perfil para gobernar el estado en un futuro no muy lejano.

La zamarra dirigente ensaya con marcada practicidad y un elevado raciocinio, ponerle sentido y lógica a la que supone debería ser la conducta política adecuada en el marco de un escenario convulso, mientras que el hombre de “Delta te Quiero” siente que las trompetas de la tribuna mayor tocan a rebato a su puerta.

La honorable miembro del selecto grupo que ha manejado por años las riendas del estado, también piensa que llegó su oportunidad y merece ser reconocida por fin como la candidata idónea al ejecutivo regional.

Atendiendo a la legalidad faltan tres años para concretar la sucesión, la palabra clave será paciencia, paciencia para tolerar los impulsos de un intrépido y carismático conductor de rebaños embalado camino al que ha determinado es su norte, aplicándose a convencerlo de la necesidad de pactar, y paciencia para refrenar el impulso de continuar pisando fuerte mientras se constriñe el candoroso deseo de alcanzar cuanto antes el horizonte más a la vista de un proyecto que amenaza con expandirse ampliamente por años en nuestros lares y fuera de ellos.

Veteranía que le tiende la red a frescura, por allí van los tiros.

 

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