Los 67 años del Vicariato Apostólico de Tucupita y cómo fueron los inicios en los que fallecieron varios misioneros

Monseñor Ernesto Romero, Vicario Apostólico de Tucupita, felicitó a todos los misioneros que hacen vida en el Delta desde hace más de 67 años. Antes de tener esta categoría eclesiástica, la entidad dependía de Caroní, estado Bolívar.

Fueron varios años de trabajo entre- sobre todo- las comunidades indígenas de la selva.  Los misioneros no se quedaron solo en la palabra de Dios, sino que la materializaron con hechos y no solo con Biblias. Complementaron la educación académica de miles de waraos, así como el aporte organizacional para adelantar mejores condiciones de vida, respetando, incluso, sus creencias.

El primer intento de fundar una misión se llevó a cabo en Guausa, en la línea fronteriza con la zona en reclamación con Guyana. Esta iniciativa tuvo que ser suspendida porque el paludismo estaba matando a alumnos internos, monjas y sacerdotes. Los brotes eran durante todo el año.

De acuerdo con un relato de la Hermana Capuchina, Isabel López, los primeros misioneros tuvieron que ser sepultados en Guausa, la mayoría de ellos españoles. López recordó una anécdota que ahora la transmiten entre cada religioso que llegan a San Francisco de Guayo, donde sí se logró fundar un centro misional, no obstante, más después.

Una monja contrajo paludismo en Guausa. En este lugar no había médicos ni medicinas. Ella perdía mucha sangre y su salud empeoraba más. Aislados sin motores fuera de borda para llevarla hasta San Félix o Tucupita, en un viaje que demoraría un poco más de una semana,  decidieron cruzar a pies un tramo de la selva para intentar llegar hasta la localidad más cercana a la zona en reclamación, donde los guyaneses ya se habían establecido.

Las Hermanas cargaron a la  paciente en un chinchorro por cuatro días, entre zancudos, serpientes y animales ponzoñosos de la selva. Al final, no lograron salvar la vida de la religiosa y otras de ellas resultaron muy enfermas. La más adulta sufrió de depresión profunda y tuvo que ser devuelta a Colombia. Son los mártires de Dios, (afirmó López) del pueblo warao que ahora cuenta con- además de la suya propia- con otros conocimientos culturales y han asumido roles protagónicos en la sociedad civil actual, más allá de las Biblias, insiste.

Donde finalmente se estableció la primera misión católica del Delta, fue en Araguaimujo, después San Francisco de Guayo, Nabasanuka, Santa Catalina, Piacoa, Curiapo, y Tucupita.

Monseñor Ernesto Romero es el tercer Vicario. Primero fue Monseñor Argimiro García de Espinoza y secundado por Monseñor Felipe González. Romero destacó la esperanza, la resistencia y la alegría que desde el Vicariato han mantenido con sus feligreses católicos, a pesar de los embates de la crisis y las injusticias sociales.

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