Los audios del poder

Una serie de audios recorre el país. Todos apuntando al mismo objetivo: la movilización masiva de los potenciales votantes chavistas el 20M, y de los que, no siéndolo tanto, debían corresponder a supuestos compromisos contraídos con el gobierno.

Responden, por cierto, a la misma manifiesta orden, muy temprano el candidato-presidente Nicolás Maduro instó a sus correligionarios, específicamente a quienes detentan mayor poder, ministros, gobernadores, etc., a ejercer presión a través de mensaje puntuales que conminasen a los cuadros fuertes del gobierno a sembrar la conciencia de que se debía votar.

El mandato fue cumplido, los mensajes se difundieron empleando para ello la fuente más socorrida en los tiempos que corren, los grupos institucionales de WhatsApp.

Algunos más intensos, otros de carácter más suave, claros siempre en su orientación, dirección y sentido, adaptados probablemente a la idiosincrasia de los habitantes del lugar, a la naturaleza de los gobernantes –y gobernantas-, al estilo de relacionamiento entre las autoridades y los seguidores del chavismo, en fin, ceñidos y ajustados al caldo de cultivo de la revolución, al Poder Popular.

Lacava, Prieto, Lizeta, fueron algunos de los mandatarios que padecieron la filtración expresa de sus llamados a cumplirle al proceso. En todos esos casos, los audios fueron virales.

En Delta Amacuro, el emplazamiento imperativo y enérgico de la primera autoridad, el voceo breve y lineal, que en horas de la tarde cabalgaba en cuanto dispositivo electrónico existiese a lo largo y ancho del estado, como pocas veces antes ha ocurrido con alguna información, permitió leer entre líneas la necesidad, no ya de alcanzar los 10.000.000 millones de votos prescritos, sino de pisar el acelerador para obtener, 1) Una ventaja considerable sobre sus mas cercanos seguidores y, 2) La posibilidad de alcanzar entre los cuatro aspirantes, un número tal de sufragios que promoviera ante el mundo la idea de que la población acudió gustosa a las urnas.

Lizeta, ni tonta que fuera, conociendo su ganado –con el respeto que se merece-, recordó aquellos tiempos en que sus directores caceroleaban abiertamente al gobierno, y abismada ante el fantasma de una elevada votación de la oposición en el municipio capital, de la posible existencia de un voto castigo, exhibió un rugido de león clamando por las redes la obligación y su sanción. Se ha jugado mucho como para perder su ascendiente político en las alturas del poder en 12 maltrechas horas.

Modificó su predica habitual, que esta vez no fue: no se preocupen, ocúpense, cambiando a: preocúpense y ocúpense.

Una sutileza, un detalle pues.

 

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