La carencia de motores para trasladarse y la necesidad de acudir regularmente a comunidades como Guayo donde se encuentra el Mercal, ha hecho que los habitantes de los caños deltanos retomen las formas tradicionales de impulsar las embarcaciones apelando al canalete y la vela.

Así mismo, ante la carencia de efectivo y de medios electrónicos de pago hacen uso del trueque.

Es común ver numerosas curiaritas orilladas con sus canaletes reposando en el lecho de las mismas, a la espera de las familias que acuden a buscar sus mercaderías o alimentos.

El Warao, hombre de brazos cortos y tórax firme por naturaleza, no ha tenido empacho en volver a remar, de hecho lo hizo por milenios, solo que ahora en vísperas de la modernidad lo hace obligado.

Son tiempos curiosos en los que Venezuela dio un salto vertiginoso para luego retroceder a formas, maneras y métodos de principios del siglo pasado.

Quien lo diría, dimos un salto de vértigo hacia adelante en la segunda mitad de la vigésima centuria, y ahora parecemos haber retrocedido unos 100 años.

Son momentos que nos muestran con una honestidad feroz, que seguimos creciendo en forma inorgánica sin tierra ni raíces, como árboles volátiles que el viento terminará por llevarse.

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