Del diario católico “La Religión” de Caracas del 30 de abril entresacamos lo siguiente:

Gracias a la providencia y merced a la fuerte armonía de los poderes civil y eclesiásticos, que constituye signo precioso de nuestra actualidad, podemos celebrar un día más de alegría y de triunfo, en el campo de la gloria de la Patria y de la extensión del Reino de Dios. Se reanudan efectiva y brillantemente, con la consagración del Vicario del Caroní, aquellas santas Misiones de Capuchinos, madres de tantos pueblos y ciudades, focos de evangelización y de salud de las almas, las cuales vieron término en el golpe mortal de 1817, golpe que tantas lágrimas ha costado después a la patria.

Llegó la hora de la reparación, y le ha tocado al actual Gobierno y a su benemérito presidente intervenir para reponer la justicia. El General Gómez, que ha manifestado contar con el clero para la moralización y saneamiento del país en todos los sentidos, no podía menos de comprender la necesidad y transcendencia de las Misiones católicas, para lograr su objetivo de rehabilitación del pueblo mediante el trabajo y la robustez de las costumbres cristianas. Era el primer paso, indudablemente, restablecer la memorable Misión Caroní, y escoger para ello a los Padres de la Orden Capuchina, descendientes de aquellos que se desvelaron hasta lo último, y no vacilaron en aceptar el sacrificio, orando por tantas poblaciones, que bajo su cuidado, su cultivo y su piadosa abnegación habían fundado y hecho florecer.

Los misioneros fueron los mejores representantes de aquella España, heroica y gloriosa, que si ocupaba la América en son de conquista, a las hazañas de capitanes tan grandes como Julio César, al decir de un historiador yanqui: Cortés, Pizarro, Alvarado, Quesada; enviaban también ministros de Cristo, que catequizaran las almas en la fe, en paz y caridad, y levantasen, junto con las iglesias, escuelas y universidades. Las demás naciones pudieron colonizar, pero no misionaron a sus colonias, ninguna puede ufanarse de haber creado Estado libres con la religión y el evangelio como fundamento y gloria de sus hábitos y de sus instituciones; solo España ostenta en la historia de la Iglesia y de la civilización, inmarcesible corona de sus misiones en los pueblos que colonizó, veinte naciones libres y católicas.

En estos días en el que el protestantismo agonizante quema los últimos cartuchos, recogiendo deshechos y prevaleciéndose de su ignorancia o la desidia de los incaustos; en estos días, cuando el bolcheviquismo conquista prosélitos aun entre los pueblos ilustrados; en estos días cuando el espíritu misional despierte vigoroso, el catolicismo, cuya esencia es la propaganda y la acción, no puede quedarse atrás, y el salvará otra vez la humanidad de la cima de todos los errores, de todas las pasiones y de todas las esclavitudes.

Abrámosle paso al misionero y saludemos el nacimiento del Vicariato Apostólico del Caroní, como la fausta aurora de nuestra verdadera resurrección a la fe, a la cultura de nuestras razas indígenas, que duermen aún en el sueño de la infidelidad.

II

Los RR. PP. Capuchinos han hecho muchísimo en nuestra amada Venezuela.

Cronológicamente se le divide así:

Los capuchinos de la conquista y de la colonia, fundadores y doctrineros de muchos pueblos, los cuales trabajaron hasta 1817, en que se cometió lo que D. Antonio I. Picón llama “El gran pecado de Venezuela.

Los Capuchinos de 1842, quienes han dejado gratísima memoria y cuyo último sobreviviente fue el P. Olegario, que nos legó el bellísimo templo de la Divina Pastora (Caracas).

Los Capuchinos que vinieron en 1891, época del Presidente Andueza Palacio y del Arzobispo Uzcátegui, quienes en sus residencias de Caracas, Valencia, Maracaibo, Cumaná y Perijá, son auxiliares de los Párrocos y compañeros de los obispos en las visitas pastorales. Han modernizados los templos de las Mercedes de Caracas y de San Bernardino de Valencia y Maracaibo, y han laborado eficazmente en el templo material y en el de las almas.

De los trabajos literarios de esos Padres, citaremos los siguientes: El R.P. Froylán de Río Negro, escribió en su biografía de Diego Losada, fundador de Caracas, escudriñó los archivos de Sevilla y de Simancas y de allí nos mandó la Historia de Padre Aguado y multitud de preciosos documentos; el P. Melchor de Escoriaza hizo la crónica de la residencia de las Mercedes; El P. Baltasar de Lodares ha publicado el tomo I de sus obra “Los Franciscanos en Venezuela”; y el P. Cayetano de Carrocera publica en “La Religión”, interesantes noticias biográficas de los Capuchinos de 1842 y de sus trabajos apostólicos.

La piedad y el patriotismo se regocijan dándose ósculo de paz, porque (sic) después de un siglo de abandono, restablecemos las Misiones del Caroní y las ponemos en manos de nuestros insignes bienhechores, los RR. PP. Capuchinos.

III

El nuevo Vicariato del Caroní se ha erigido en el mismo territorio ocupado por las antiguas Misiones de los PP. Capuchinos catalanes. Llegaron a fundar treinta y un pueblos, cuya lista damos a continuación:

Misión de la Purísima  Concepción  del Caroní; de Santa María de Yacuario: de San José de Cupapuy; de San Francisco de Altagracia; de San Miguel del Palmar (sic); de la Divina  Pastora de Yacuario; de Nuestra Señora de Monserrat del Miamo; de San Fidel del Carapo; de Santa Eulalia de Murucuri; de San José de Leonisa de Ayma; de Nuestra Señora del Rosario de Guasipati; de Santa Ana de Puga; de  Santa Cruz del Calvario; de San Román de Caruachi; de San Antonio de Huisatono; de la Conversión de San Pablo de Cumamo; de Nuestra Señora de Los Dolores de Puedpa; de San Félix de Tupuquen; de San Pedro de las Bocas; de San Buenaventura de Guri; de San Miguel de Upata; de Santa Clara de Yabaragana; de Santa Rosa de Lima Cura; de Santa  Magdalena de Currucay; de San Juan Bautista de Avechica; de Nuestra Señora de Belén de Tumeremo; Villa de San Antonio de Upata; Misión de San Isidro de la Barceloneta; de San Vicente de  Curio y del Ángel Custodio de Hato Nuevo.

Entre los muchos celebres y misioneros que pasaron en Venezuela es digno de mención especial el V.P. Carabantes, el cual anhelando dilatar la fe de Cristo y evangelizar a los infieles, desembarcó en Cumaná el 8 de septiembre de 1657; misionó en Margarita y en la Provincia de Caracas con fruto maravilloso. Luego catequiza, instruye, bautiza a los indios caribes y forma un pueblo civilizado; los caribes los obedecen y aceptan la dominación de España. Miles de indios convertidos dan testimonio de su fe y adhesión al Vicario de Cristo, en 1666, y envían como legado al P.Carabantes, quien ante la Sagrada Congregación de propaganda hizo relación extensa de la Misión, y ante Alejandro VII leyó la adhesión y prestó obediencia en nombre de los caciques de los indios y sus provincias.

Mensajero Seráfico

1924-24

Tomado del libro Tucupita, Documentos Eclesiásticos del P. Julio Lavandero.

Loading...