Los deltanos están retornando al campo

Los predios agrícolas de las islas Cocuina y Manamito, van repoblándose poco a poco.

Terrenos enmontados, espacios baldíos, superficies agrestes, han ido convirtiéndose paulatinamente en vergeles por la intervención de la mano laboriosa del hombre.

Sin créditos ni financiamientos públicos, los campos deltanos van retomando su vocación originaria.

La necesidad de “producir” va imponiéndose, dejando atrás una era en la que un sueldo era lo máximo.

La intención de que abandonáramos los cargos para conformar cooperativas que luego nos garantizararian los financiamientos para desarrollar actividades agrícolas se va dando por sí sola, sin estimulo del gobierno.

Incluso muchos han dejado de estudiar para tomar el azadón. Se siembra sin maquina, machete en mano.

El milagro económico que tanto anhelábamos surge solito sin andaderas, muletas ni pasamanos.

Es risible que con una arrocera enclavada en pleno corazón de Manamito, no haga falta sembrar un solo grano de arroz para generarle alimento al pueblo. La yuca salvadora florece por doquier. Coman yuca diría la gobernadora. Pudo haberse ahorrado el dinero del proyecto.

Algo increíble con el barril de petróleo a 62 dólares, cantidad que no hace mucho seria más que suficiente para garantizar una elevada calidad de vida. Hoy, a duras penas cubre la importación del Clap y pocas cosas más.

La era esta pariendo un corazón y no hay quien lo detenga.

 

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